<< ver todos los archivos de José Ferrero

texto7

José Ferrero Villares
Cuando la fotografía se hizo un hueco en la representación pictórica,hace unos ciento sesenta años, se inició un
proceso de definición de la fotografía y de redefinición de la pintura, diálogo apasionante, que aún perdura. Después,
tras el pictorialismo, la fotografía adquirió otras perspectivas, nutriéndose del espíritu artístico del siglo XX,
haciéndose eco de muchas vanguardias históricas y reinventando, incluso aquel “segundo instante fotográfico” que
era el laboratorio.
Años después, rompiendo moldes en loor de multitudes, con la popularidad generada por los grandes fotógrafos de
entreguerras y con el fenómeno de la publicidad, el arte fotográfico creció sin pausa, como campo de carácter
autónomo.
Y siempre mantuvo ese feliz diálogo con las artes plásticas. Primero, desde la hibridación mediática; después, empleando la propia idea como fin; y finalmente, retomando ciertos presupuestos que sitúan algunas creaciones recientes cerca de un “neopictorialismo”, tal como evidencian muchos ejemplos concebidos, sobre todo, a través de medios digitales. En cualquier caso, la fotografía nos seduce como medio perfecto para apropiar significados, una vez rotas las fronteras entre los distintos lenguajes del arte. La fotografía ha incrementado su papel en el complejo creativo contemporáneo, revelando su verdadera complejidad como herramienta de composición y sujeto significante.
En esos términos ha jugado siempre sus bazas, a mi juicio, la fotografía de José Ferrero. Allí donde el acto fotográfico implica una apropiación por parte del sujeto que mira, y los instrumentos técnicos y metodológicos sólo tienen sentido en base a una elaboración eficaz, se plantean las obras de este artista íntegro, comprometido y, a menudo, comprometedor. Sus trabajos dialogan con el público, bajo sutiles reivindicaciones que a muchos nos resultan necesarias, sobre todo, para despertar el ánimo de circuitos y coleccionismos inmaduros.
Quizás por eso, esta exposición aprovecha el guiño irónico de un título –Performances, instalaciones y obra efímera / Colección particular– para reivindicar la intencionalidad del autor y la capacidad de transformación que ello le confiere, defendiendo esa “colección” íntima, personal, que sólo consiguen quienes han sabido “mirar lo fotografíado”. Porque, quien hace una fotografía “buena” está buscando algo que lo identifique, a través de una imagen, que lo ubique a él, al fotógrafo, en el centro de las miradas. Así, cada foto es un universo narrativo, estético o conceptual, repleto de guiños biográficos. Porque ver una fotografía no sólo es ver la cosa fotografiada, sino ver al fotógrafo apuntando.
Yo propongo mirar estas imágenes no como imágenes, sino como apropiaciones de este artista, que nos está incitando a pensar. Ahí, quizás, cada cual descubrirá sus propios ritmos, entre hermosos dípticos donde las luces contrastan emociones, entre formas que enredan perspectivas, entre maravillosas casualidades de la naturaleza, entre arquitecturas que respiran clasicismo, y figuras que observan, y manos que se funden con la bruma. Acciones que no son pasivas, sino plenamente activas, y albergan todas las virtudes arte-vida de cualquier “performance, instalación y obra efímera”. Porque, puestos a reivindicar frente a ciertos posmodernos dogmáticos, la fotografía es eso y más, y la acción fotográfica de Ferrero, pues, es una permanente reflexión crítica acerca de los hechos, del medio utilizado, y de la propia obra.
Por Ángel Antonio Rodríguez
(para el catálogo: José Ferrero Villares “Performances,
instalaciones y obra efímera. Colección particular”
Galería Espacio Líquido 17-1-2003// 15-2-2003)