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Sala de Espera
Es un hecho bien conocido que los espacios expositivos, y especialmente los espacios museísticos, han sido objeto
en los últimos años de algunas propuestas fotográficas especialmente interesantes, desarrolladas por artistas como
Candida Höfer, Thomas Struth, Louise Lawler o Karen Knorr, por citar sólo algunos de ellos. Este interés por los
espacios del arte, se encuadra en un cruce de reflexiones complejo que obliga, a quien lo aborda, a transitar por
cuestiones como la autoría, las jerarquizaciones en el mundo del arte, el público de los museos, la función de la
arquitectura, el almacenamiento y transmisión de la cultura, etc.
De alguna manera, tomar como tema los espacios expositivos o el museo, obliga a tomar en consideración y plantearse el propio sistema del arte y sus condiciones. José Ferrero así se lo ha hecho. Desde hace algo más de cinco años viene trabajando en un proyecto que titula Colección Permanente y que tiene como centro de reflexión, precisamente, el espacio expositivo.
En la última década, ha estado centrado en una serie de proyectos que tenían como elemento común la reflexión sobre el medio fotográfico y el carácter construido de la imagen. Sin embargo, para este proyecto ha optado por la captación directa de espacios y atmósferas y la representación neutra y aparentemente objetiva de objetos y detalles. Si hay un elemento que se mantiene en el centro de su planteamiento, y que conecta con algunas de sus series anteriores es el recurso a la fragmentación, aunque aquí lo haga simplemente a través del uso del encuadre. En Colección Permanente nos encontramos con una serie de imágenes realizadas en interiores de diversos museos y salas de exposiciones, con detalles de su arquitectura  y de elementos que forman parte del mobiliario. Lo primero que llama la atención en la mayor parte de estas obras es su aparente clasicismo que remite a los usos de la fotografía de arquitectura y a los registros de inventario, y en las que predomina la frontalidad, la neutralidad y la objetividad. Pero hay otros aspectos que van marcando este conjunto de imágenes y que completan el sentido de lo que vemos. El que se hace más palpable es cómo se utiliza la ausencia: ausencia de referencias inmediatas o evidentes a la naturaleza museística de estos espacios, ausencia de presencia humana y también, y sobre todo, ausencia de las obras de arte que dan sentido y otorgan naturaleza a estas instituciones. Con ello, se invierte la jerarquía que articula estas arquitecturas, obviando la presencia del arte y otorgando visibilidad a aquellos objetos y muebles que pasan desapercibidos salvo por su pura funcionalidad. Algo similar ocurre con los interiores y los detalles arquitectónicos que se nos muestran – puertas, espacios de transición, ventanales-, elementos todos ellos que no guardan relación necesaria con el arte ni con la función específica de estos edificios. En el uso que se hace de la fragmentación en estas imágenes, a través del encuadre, es donde reside el verdadero punto de vista de José Ferrero, que no tiene nada que ver con la aparente neutralidad de sus tomas. El arte aquí es periférico, apenas pasa de ser una alusión, la atención se centra en otro tipo de objetos que no están sometidos a las leyes del sistema artístico y se transita por espacios que no remiten tanto a la ubicación en ellos de las obras cuanto a la ausencia de presencia humana y habitabilidad. Se alude con ello a un conjunto de síntomas siempre presentes en el mundo del arte y en sus instituciones: la tendencia al hermetismo, a las jerarquizaciones, a las repeticiones, todo aquello que a menudo hace apartar la vista de las paredes en busca de otros referentes.
En estas fotografías los espacios museísticos se asemejan a una sala de espera vacía, en la que parece que atendemos a que ocurra algo y a que se llene de vida. La silla también está vacía para que la ocupemos durante la espera.
Por Alberto Martín
(publicado originalmente en José Ferrero. Colección permanente, Madrid, 2007)