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En manos de Julio Falagán, una escena de caza puede convertirse
en un pasaje imposible de ciencia ficción, con virgen incluida;
Popeye puede mutar en Jesucristo animado y M. A. (El Equipo A)
ofrecer consejos antidrogas escondido bajo una cristiana túnica.

Fantasía y pastiche. Humor y reutilización de iconos del arte popular, de los códigos propios de la decoración de los salones familiares. Estas son las herramientas que maneja a la perfección el artista vallisoletano, que expone hasta el 13 de diciembre en la galería Carmen de la Guerra de Madrid.

La basura es un tesoro
Vive de resucitar recuerdos arrojados al contenedor. Para Falagán, los rastrillos callejeros son un paraíso y los días de recogida de muebles viejos, una fiesta. Por eso sus series santifican la basura con nombres tan elocuentes como Despojos ilustres (expuesta este año en la galería Caracol de Valladolid), Morralla exquisita, Ponzoña selecta y, la que nos ocupa, Broza Fetén.

En ella, ha reunido “un compendio de collages de pequeño formato y, en la bodega de la galería, una zona más articular y extraña con máquinas para interactuar y otros objetos insólitos”.

“Eso es esencialmente en lo que consiste mi obra, en la recuperación de piezas obsoletas para dotarlas de una nueva vida -explica-. Cada cuadro de salón que me dispongo a manipular pide acción para acabar con su tristeza y su tedio. Colores vivos y situaciones críticas para contrarrestar el mundo gris y las estampas pintorescas en las que nunca ocurre nada. Tanto tiempo sin que haya sucedido algo interesante en la escena, bien se merece un buen espectáculo de tragicomedia”.

Pilar Sanz.