<< ver todos los archivos de José Mª Benéitez

.texto2

«VERBENA SUITE»: arte, símbolos y demás ambigüedades.
¿Cuál es el poder de las banderas?, ¿qué posición ostentan en la actualidad estos símbolos nacionales?, ¿cómo consiguen sobresalir
dentro de la letanía de imágenes en la que se ha convertido la realidad? Sin duda, todas estas cuestiones podrían abordarse desde
una perspectiva que apele a la noción de identidad, el sentimiento de pertenencia a un conjunto o el obstinado y romántico afán
del ser humano por representar en lo uno lo múltiple. Pero, además de tales preguntas, y situándose en uno de los ámbitos plásticos
por excelencia —el artístico—, cabe insistir y extender quizá un poco más los interrogantes que llegan a suscitar.
La neutralidad de la bandera que, en 1955, Jasper Johns presentó como contrapartida a la apoteosis nacionalista de un estado Norteamericano inmerso en la Guerra Fría, podría servir aquí de guía para acceder a una vía interpretativa. Al escapar de la grandilocuencia, este artista logró con un pequeño gesto reinstaurar el valor de la literalidad; la fuerza de un objeto que no ha sido tanto representado como construido. Y con ello, abrió el camino para la aparición de todo tipo de ambigüedades que insisten en el propio valor semántico otorgado al objeto bandera. De este modo, el espectador de las Flags terminó por ser situado en una posición que resultaba demasiado incómoda, no conseguía saber si esa imagen, en bruto, albergaba los mismos significados que una bandera ondeando en la fachada de cualquier institución pública o, por el contrario, escondía algún otro sentido, un estatuto diferente adquirido como resultado de la actividad artística.
Precisamente, tal fue la vicisitud a la que José Mª Benéitez sometió a los asistentes del PAN del verano de 2011. Conectando con esa práctica inaugurada por Johns y continuada por muchos otros autores, Benéitez recurrió para su instalación a ese fascinante objeto visual en que se han convertido las banderas. Y además, al igual que hiciera Johns con su técnica encáustica, no pintó las banderas, tampoco las representó, sino que sirviéndose, en este caso, del collage como forma de intervención en una imagen ya confeccionada, produjo un nuevo objeto. Las populares y pintorescas guirnaldas que en tantas ocasiones han servido para decorar las calles de infinidad de poblaciones que celebraban sus fiestas locales fueron el material de trabajo de este artista. El PAN tuvo así su propia ornamentación festiva, ya que las cadenetas de banderas articuladas por Benéitez ocuparon el vano y la cubierta de la tenada de Morille, espacio de desarrollo de buena parte del Encuentro. De nuevo, entonces, los asistentes podían asumir esta instalación como un elemento celebratorio más, como un símbolo decorativo al que previamente se había vaciado de su significado original. Sin embargo, también cabía la posibilidad de recalar en la contradicción que presentaban y preguntarse por el alcance de esa verbena. Pongamos un ejemplo: prácticamente la totalidad de las banderas eran de nacionalidad estadounidense o británica y en las pocas ocasiones que la bandera española hacía aparición era presentada bajo el dominio de la estructura de las anteriores.
Aunque, ciertamente, tampoco resulta del todo necesario establecer una oposición drástica entre ambas posturas, una exclusión como la que se acaba de plantear. Más bien, podría decirse que la fuerza de la propuesta se encuentra en esa dialéctica, en tomar conciencia de la contradicción de gestos tan aparentemente alejados; el de la alabanza y la crítica, la afirmación y la negación. Y es justamente en esto en lo que consiste la ironía, el mismo recurso que inunda las sentencias que algunas de las banderas incluían a modo de lema: «Cuestiono al artista como creador de imágenes» se lee en una de ella. O, por volver a lo patrio, el híbrido rojigualdo de las banderas catalana y española con las palabras «una» y «libre», enmarcado dentro de las barras y estrellas norteamericanas.
De ahí, que la singularidad y el poder de estas banderas sea su ambigüedad, la capacidad de suscitar reacciones, ideas y sentimientos del todo encontrados en sus más diversos intérpretes. Su extraordinaria carga semántica las convierte entonces en material de trabajo privilegiado para el arte; de ese eterno productor de sentidos en el mundo.
Rosa B. Andrés.