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Terra
Paisajes con historia ausente
(este texto retoma parcialmente y amplía el análisis inicial de la serie Terra. La siesta del fauno, realizado en El
largo-viaje hacia la construcción de la experiencia).
A lo largo de su trayectoria Javier Ayarza siempre ha sido consciente de las implicaciones políticas que conlleva la
práctica fotográfica, pues en la medida en que las imágenes hablan del mundo y lo transmiten, configurándolo,
mantienen siempre una posición sobre el mismo. En mayor o menor medida, y de un modo más o menos explícito,
su obra siempre ha expuesto y hecho visible dicho compromiso.
En relación a este asunto, a lo largo de los últimos años estamos asistiendo a una necesaria revisión de las relaciones entre acontecimiento, historia, memoria e imagen, que trata de restituir y actualizar la importancia de esta toma de posición en la construcción de una mirada sobre el tiempo presente. Este asunto no deja de ser también una interrogación sobre el realismo, en cuanto cuestión moral,  y sobre la capacidad de la fotografía para construir representaciones capaces de aportarnos elementos para la lectura de las condiciones históricas de nuestro presente. El  ámbito sobre el que se ha volcado prioritariamente Javier Ayarza, en su esfuerzo por desarrollar una práctica fotografía generadora de imágenes en las que la historia se despliega y recompone sin cesar, es el paisaje.
Bajo el título Terra Javier Ayarza ha agrupado dos trabajos diferentes, La siesta del fauno y La estrategia del avestruz,  que sin embargo aparecen íntimamente conectados por esa fundamental toma de posición expuesta anteriormente. Las imágenes de La siesta del fauno, un proyecto abierto comenzado en el año 2000 a lo largo del territorio de Castilla y León, nos descubren un territorio del fracaso y del abandono, lugares informes en la medida en que han perdido las referencias que los conforman. El tiempo de la historia y de la economía queda registrado y congelado en estos paisajes a la deriva, exangües y desposeídos, que testimonian una ausencia definitiva de cuerpo social. Es la representación de la soledad de un territorio, vaciado y ya convertido en obsoleto e inservible. Nada hay en el registro de estos lugares que deje sitio a la representación ilusionista, a la nostalgia teñida de ensueño sentimental. El realismo que aplica Javier Ayarza se sitúa en la línea del estilo documental de Walker Evans retomado y reelaborado después por una larga generación de fotógrafos radicados en Vancouver, y entre ellos, especialmente, Roy Arden. La mirada que Evans dirigía hacia el mundo intentaba situarse en el instante preciso en que las cosas están a punto de desvanecerse en la historia, es el instante preciso que antecede al desmoronamiento de lo mostrado. Roy Arden, especialmente, retomará esta tradición realista al registrar “la historia social moribunda de la región de Vancouver” en sus imágenes. Lo que interesa de esta genealogía en relación al trabajo de Javier Ayarza es cómo hay un nivel en el que es posible que la historia penetre y se adhiera a la práctica de la descripción. Ese nivel es el que explora en La siesta del fauno, cuyos paisajes se sitúan en una estrategia por la que el acto de fotografiar es el que da sentido a una materialidad informe y al borde de la disolución. Fijar estos lugares en una imagen es sacar a la luz el germen de dicha disolución y de su fracaso, es desvelar la imposibilidad de situarse en un presente que ha sido definitivamente desplazado por el peso del pasado. El método de Javier Ayarza, finalmente, opta también por disolver el orden de las cosas y recomponerlas a través del montaje en forma de cuadrícula. Con esta operación de re-construcción se procede a re-exponer lo visible poniendo en primer plano la existencia de una mirada y una postura (la del artista) que une y relaciona los elementos que configuran la realidad.
La estrategia del avestruz, por su parte, es un trabajo también en curso, iniciado en 2007 y centrado en el proceso de recuperación de la memoria histórica en relación a la Guerra Civil española y la posterior represión llevada a cabo por el régimen franquista. El aspecto más épico de este proceso es sin duda la recuperación y reconocimiento de las víctimas. Más allá de las disposiciones legales tendentes a contener y regular esta problemática, el enfoque de Javier Ayarza busca construir una libertad crítica capaz de ser expresada y contenida a través de las imágenes. Esta libertad crítica tiene que ver con la decisión de no articular su aproximación a través de una reconciliación entre memoria e historia, sino de evidenciar la relación entre olvido e historia. La ausencia es aquí el eje sobre el que se construye el relato de una historia que no ha podido escribirse. La ceremonia que conjura el ritual del olvido es el acto de desenterramiento y las imágenes de Javier Ayarza que lo registran pasan a convertirse así en las herramientas de un proceso que otorga visibilidad a un relato que emana de una memoria que ha sobrevivido al olvido y la invisibilidad. En este proyecto, las imágenes que testifican y delatan el pasado enterrado en diversos lugares (en un parque, en un canal o en un campo de labor) consiguen evitar que el paisaje se articule en base a una brusca ruptura con ese mismo pasado. El texto incorporado a la imagen, de nuevo un relato, es el que hace irrumpir la historia sobre la superficie tranquila del territorio. Una historia ausente que aún sigue esperando su ceremonia de restauración.
En estos dos trabajos queda claramente de manifiesto el objetivo fundamental de Javier Ayarza por construir una experiencia dialéctica en sus obras, una experiencia que manteniendo la capacidad descriptiva de la fotografía, consigue sin embargo que se desvelen las condiciones de construcción de la imagen, su momento de configuración histórica. El realismo de Javier Ayarza funciona así como una herramienta que nos obliga, en nuestra condición de espectadores, a pensar a través de las imágenes y permitir que la historia se despliegue.
Por Alberto Martín
(publicado originalmente en Javier Ayarza. Terra, Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca, 2008)