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Texto “Una pintura de nudos y rizomas”

Alfonso Sicilia Una pintura de nudos y rizomas
“un rizoma no empieza ni acaba, siempre está en el medio,
entre las cosas, inter-ser, intermezzo (…) el rizoma tiene como
tejido la conjunción “y…y…y…” En esta conjunción hay fuerza
suficiente para sacudir y desenraizar el verbo ser (…)”

Gilles Deleuze/ Felix Guattari
En los años 70 y 80 Deleuze y Guattari recurrieron al concepto que en botánica se conoce como rizoma (un brote que crece de forma indefinida sacando brotes a partir de sus nudos) para formular una sugerente teoría del conocimiento que huía de cualquier sistematización jerárquica del mismo en favor de la expansión múltiple de las ideas, cargadas a su vez de conexiones y rupturas; de líneas de fuga y puntos de encuentro; de segmentos y trazos de continuidad indefinida…
Y en efecto, considero que la pintura de Alfonso Sicilia podría definirse como pintura rizomática pues en ella advertimos muchas de las connotaciones descritas por estos dos autores.
Una suerte de biología del movimiento parece que gobierna la pintura de este artista que tiende a crear en el espectador las mismas condiciones de inestabilidad emotiva y perceptiva que nos provoca el caos generado por la circulación promiscua de la información en el mundo actual.
Los monumentales cuadros de Sicilia se convierten en un territorio para el desplazamiento de la imagen, tanto en el sentido de su propia ambigüedad semántica – que debería ser vista como signo de una racionalidad exorcizada y siempre condicionada por sugerentes tramas geométricas, reconocibles dentro del extenso repertorio que maneja el autor como por la posibilidad de encontrar una continua expansión y
movimiento en la propia superficie bidimensional… Y deberíamos añadir al respecto que en las pinturas de Alfonso Sicilia, de algún modo, el desplazamiento es metonímico, y no metafórico, pues vuelve a nacer de la propia energía interior de la pintura: “(…) quiero que mis pinturas concentren energía, como un acumulador o batería (…)” me confiesa el propio autor en una conversación reciente.
Velocidad y deceleración se convierten en dos polos de ejecución y percepción en un proceso vertiginoso de formas geométricas y estratificaciones cromáticas aparentemente caprichosas pero en realidad codificadas estratégicamente pues, paradójicamente, Sicilia es un pintor de orden, sistemático, un artista reflexivo que parece reflejar esa energía vital acumulada, ese impulso general de la contemporaneidad referenciado en una “dislocación permanente”, de las formas; tal y como la ha nombrado Virilio en sus textos referentes a la velocidad de la información.
F. Javier Panera Cuevas.Noviembre 2011