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Texto “El viaje mítico”

Roberto Castrillo Soto
Profesor de Historia del Arte de la Universidad de León y Crítico de Arte La trayectoria creativa de Amancio González discurre de forma análoga a la del medio plástico que constituye el conjunto principal de su obra: la escultura. En una época en la que el mero hecho de nombrar un género canónico de las artes es diagnosticado como un síntoma de antimodernidad, este excelente artista leonés viene desarrollando un trabajo escultórico que, desde la consciencia del escenario de crisis y revisión y apertura conceptuales necesarias para afrontar cualquier ámbito de la plástica en nuestra contemporaneidad, se fundamenta en aquellas cualidades que han definido históricamente a la escultura: la materia, el espacio y la forma. De la constante reflexión en torno a estos tres pilares discursivos se ha forjado una obra poderosa visualmente y de gran hondura simbólica cimentada en la producción constante de lugares de diálogo entre formas y conceptos en el interior del espacio escultórico,
evitando con ello la simple imitación mecánica de fórmulas estereotipadas. La vigencia nominal y significativa de la escultura no se sustenta en ninguna tradición estética sino en la exploración interna desplegada en relación a las posibilidades de su lenguaje. Así, el discurso plástico de Amancio encuentra su lugar en la exploración del universo particular que dibuja el territorio de lo escultórico. La condición de la materia, la configuración del espacio y la expresión de la forma son las claves semánticas de una producción introspectiva en la que confluyen significación y formalización. Se trata de un ejercicio de investigación que precede a cualquier concreción argumental. Al contrario, no hay lugar para lo anecdótico sino que desde interrogaciones genéricas en
torno al medio creativo surgen planteamientos universales en torno a la existencia.
La figura humana protagoniza estos lugares complejos y experimentales. La recurrencia a la figuración del autor no debe ser asociada ni a una estrategia narrativa ni a una intencionalidad ejemplarizante. Los personajes habitan espacios tridimensionales en los que se dirimen las relaciones entre las fuerzas constituyentes de la composición escultórica. Las tensiones internas que se entablan en su interior dependen en gran medida del material empleado. Su elección condiciona y adjetiva el diseño final de las piezas y la forma que se extrae de la materia proyecta de forma explícita y fuertemente expresiva las mencionadas tensiones. En todo caso, en la obra de Amancio las figuras no se comportan como seres ornamentales ni autosuficientes en su corporeidad sino que
aparecen insertas en un espacio compositivo en el que se despliegan actos y sentimientos humanos escenificados mediante una lucha de fuerzas que brota de las formas excavadas o construidas con el material.
Es ésta una faceta fundamental en la obra de Amancio. Su conocimiento cada vez más preciso de la naturaleza de cada uno de los materiales empleados así como de sus capacidades expresivas le permite utilizar la materia prima como parte expresiva y simbólica de primer orden en cada uno de sus proyectos. La madera y la piedra han sido
los soportes más asiduos sobre los que el artista ha ido proponiendo su singular concepción del medio escultórico y el discurso que sucede al mismo. En las composiciones tridimensionales tiende el autor a situar las figuras o bien emergiendo del interior del bloque de piedra o madera en una pugna dramática por encontrar su
espacio vital, o bien trazando un espacio perimetral en el que los seres han de desenvolverse para desarrollar sus cualidades humanas. Al desarrollar esta intrínseca abstracción espacial en sus proyectos escultóricos, Amancio ha ido acercando el medio escultórico al arquitectónico. Las estructuras geométricas envuelven a las figuras: las sustentan, aplastan, dislocan o fragmentan. Estas tensas relaciones entre lo geométrico y
lo orgánico devienen metáforas de la complejidad existencial del ser humano y la inextricable vinculación que los individuos establecen con su entorno físico y psíquico.
En esta lucha de contrarios buscan su equilibrio la razón y la sensibilidad, el ordenamiento conceptual y el drama emocional, en una contienda irresoluble cuya esencia radica precisamente en el permanente estado de crisis. El escultor entronca en su experimentación lingüística con la vivencia subjetiva y la expresa materialmente
dentro de un espacio de relaciones. El aspecto tosco, primitivo y brutal de muchas de las piezas realizadas en piedra y madera es consecuencia lógica de una idea de la escultura alejada del concepto académico de estatua conclusa y estática en su formalización. Los seres orgánicos aparecen, por el contrario, en un estado parcialmente informe, intensa y a veces violentamente enfrentados a una racionalidad espacial que amenaza con
destruirlos.
La relevancia expresiva y significativa concedida a los materiales hace de Amancio un permanente investigador de los mismos, buscando tanto su propio perfeccionamiento técnico como nuevos territorios de expansión creativa. Así, en su más reciente y magnífico trabajo en el ámbito de la escultura pública ha retomado algunas experiencias plásticas consistentes en la utilización del hierro propuestas hace más de una década. La obra Return ha sido ejecutada en el marco del I Simposio Internacional de Escultura celebrado en la Ciudad turca de Iskenderun, la Alejandreta helenística, y ha devuelto al escultor a una metodología de trabajo en la que las técnicas
de desbastado o tallado son sustituidas por un proceso de adición de cientos de fragmentos de varilla de hierro realizado mediante la soldadura individual de los mismos. Con este procedimiento el escultor opera desde la premisa de la equivalencia de cada uno de las partes que constituyen el conjunto, subvirtiendo toda jerarquía
compositiva previa al propio proceso de construcción de la obra. Ésta va dibujando sus contornos, va creciendo orgánicamente sobre un espacio al que no precede sino al que integra de manera real en su constitución volumétrica. El material empleado, el hierro, refuerza el sentido constructivo de la obra aunque aquí adquiere un carácter expresivo distinto al que puede proporcionarle su uso habitual. La varilla de hierro se asocia
preferentemente a la construcción de estructuras como soporte interno de pilares o vigas de hormigón. Sin embargo, Amancio dota al material de una morfología orgánica en la que confluyen o, mejor dicho, desaparecen los límites entre estructura y revestimiento.
La rigidez se torna movilidad; la resistencia, fragilidad; el estatismo, dinamismo; la opacidad, transparencia. Contraposiciones apropiadas tanto a la poética de la pieza como al emplazamiento de la misma. Situada junto a la costa mediterránea en las inmediaciones de una ciudad fuertemente industrializada, la obra se posiciona en un
lugar de intermediación entre los paisajes urbano y natural.
Return es una metáfora del viaje de regreso. El propio autor acompaña el proyecto de la obra de una pasaje poético que la describe: “The man who walks in the air comes a great distance, from the other side of the sea pushed by the wind, he is sustained by everything which, day by day, is stored in his heart. The man who walks in
the air returns home in the end, to stay. And the circle closes”. Un caminante avanza de forma solemne sobre una estructura geométrica parcialmente quebrada para conformar un conjunto próximo a los cinco metros de altura. Reaparecen en la composición los contrarios habituales en la obra de Amancio: la organicidad de la figura humana y la geometrización de su espacio. Sin embargo, las tensiones dramáticas han sido moderadas. Las varillas de hierro soldadas conforman un esqueleto cristalino, una estructura corpórea celular y liviana que absorbe la luz circundante como parte integrante de su volumetría. Así, el volumen se torna dibujo y éste, férreo y rotundo, es
capaz de mimetizarse con el entorno. Este viajero camina sobre una estructura metálica opaca de silueta rectangular uno de cuyos extremos ha sido desgajado para flotar bajo la pierna trasera del caminante. En esta hermosa silueta capaz de recoger el viento mediterráneo, la luz del sol y el color del mar y la costa, el drama se transforma en incertidumbre y melancolía.
Como sucede en los viajes emprendidos por los héroes de la mitología clásica, en el regreso de este viajero se acumulan las vivencias de un periplo cíclico con los sentimientos de añoranza de sus orígenes, nunca confinados ni olvidados, que culmina con la necesidad de descansar y reflexionar acerca de lo vivido, haciendo del viaje
mismo un trayecto iniciático que conduce al punto de partida físico pero que ha modificado sustancialmente la percepción que el viajero tiene del mismo. La osamenta metálica y frágil del sujeto puede leerse como una disgregación poliédrica del individuo, abierto al mundo y permeable a cada una de las etapas de su existencia. El
leve fraccionamiento de base en la que se apoya el individuo también muestra su carácter cambiante, donde pasado y presente se alteran recíprocamente. Ambas se complementan armónicamente tanto en el contraste visual que provocan como en la lectura humana que suscitan.
A diferencia del caminar azaroso, errático, pedestre y consumido por el espacio circundante de El hombre que camina de Alberto Giacometti, obra con la que se sin duda se pueden establecer paralelismos, Return es un viaje mental, una lejanía mítica que precede a un ejercicio de reflexión y detenimiento individual en una búsqueda
permanente de sentido válido para cualquier concreción, del mismo modo que el discurso poético de la escultura de Amancio indaga incesantemente en las relaciones entre forma y espacio, sujeto y contexto.