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Texto «El rastro del objeto»

El rastro del objeto
Leticia Martín Ruiz. Revista El punto de las Artes del 14 al 20 de noviembre
Conocida es la afición de la artista que nos ocupa a crear fotografías a partir de experimentos cuya base se cuece en el ámbito de lo domestico. Conocida y loable también la habilidad de CONCHA PRADA a la hora de combinar la complejidad de sus procesos creativos, siempre abiertos a la investigación, con la cercanía del objeto familiar, desde la comida hasta los útiles de limpieza. Esta gran artista zamorana, residente desde hace años en Valencia y querida y apreciada por prestigiosos galeristas y coleccionistas de arte contemporáneo, acaba de concluir sus últimos trabajos expuestos ahora en su cuarta individual de Oliva Arauna. El formato grande de sus fotografías en color, es sin duda una constante en la obra de Concha Prada, quien a través de esta serie de catorce grandes imágenes deja patente una vez más la mágica hermandad existente entre fotografía y pintura, confundiendo nuestra percepción entre ambas para desvelarnos más tarde la verdad de un proceso que mezcla lo mecánico y lo gestual, la artificialidad de la fotografía y la acción gestual de la pintura. El espacio convertido en cuarto oscuro, es lugar también de desafío para la propia expresión abstracta de la pintura. De ahí que en la secuencia de estos fotogramas la fuente de luz que actúa sobre el papel fusione la voluntad de la artista en determinar el movimiento, con el azar derivado de esa acción realizada » a ciegas”. Los resultados no pueden ser más atractivos, pues a través de estas obras el espectador experimenta la fuerza visual del color en sus múltiples direcciones, huellas, manchas y recorridos a través de una superficie convertida en hábitat o pequeño microcosmos cargado de sugerentes formas flotantes en un todo multicolor. Concha Prada, Zamora 1963, considerada actualmente como una de las artistas más interesantes dentro de la nueva fotografía, es una creadora autodidacta cuya obra se pasea con naturalidad a través de lo imaginario y lo real. Sus series de los años noventa y dos mil así lo testifican, como también avalan esa actitud de cercanía frente al detalle cotidiano. Bocas (1994), Basuras Domesticas (1996), Ficciones (2000), De arreglos cocidos y otros guisos (2003), son algunas de las mejores series de la artista. Algunas de estas obras forman parte de colecciones e instituciones de primera fila como la fundación Coca-Cola, la Colección Testimoni, MUSAC, etc.