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texto «Diario de un Critico» 2013

DÍA 1
Quedo con Miluca y me enseña sus Diarios de Otros. Me gustan
muchísimo, combinan varios linajes artísticos: el libro de artista, el
coleccionista y el experimentador plástico. Narración unas veces y
pura visualidad otras. Le pregunto cuánto tiempo tengo para escribir,
estiro un poco el plazo y finalmente nos ponemos de acuerdo.
DÍA 2
Soy imbécil. No cabe otra explicación. Cómo he podido
comprometerme a escribir nada (más) en estos momentos. Tengo
varias pilas de papeles alrededor de mi mesa: unos por leer y otros por
rellenar, todos pendientes, todos para mañana mismo. Como
siempre, me he dejado llevar por la pasión de lo que me gusta sin
pensar en las consecuencias. Es como la piel doradita del pollo: un
momento en el paladar y un año en las lorzas de la cintura.
DÍA 3
Bueno, pues no voy a llamar a MIluca para decirle que me echo
atrás. Si no soy responsable con 54 años no lo seré nunca. Tengo que
asumir las consecuencias. Quedé en escribir algo en 30 días y lo haré.
He metido la carpeta de fotocopias de los Diarios que ella me dio y las
notas que tomé en mi mochila y llevo el material a todas partes.
Espero que vaya surgiendo algo.
DÍA 4
Miluca los llama Diarios pero no estoy seguro de que lo sean. Más
parecen agendas. Y una agenda con marcas es a un diario como un
haiku a un soneto. Y no sólo por su brevedad. Porque narra una vida
hecha de hechos. Sin opiniones, previsiones o nostalgias.
Fotografías de tiempo, instantáneas, (valga la redundancia). Páginas de
agenda que son el puro hueso de los días, sin la carne soñadora de
las noches.
DÍA 5
Pero hay algo todavía más escueto que la agenda: el calendario. El
calendario es el grado cero del diario. Me refiero a esos calendarios
de marcas o de muescas que hacen el preso, el náufrago o el loco para
llevar la cuenta de su soledad. Mientras que toda autobiografía
construye un yo mentiroso, y el diario un espejo en que buscamos
nuestro mejor perfil, el calendario es un esqueleto sin vestir, para el que
ninguna cirugía es cirugía estética. Y es que nos sueldan los huesos
para poder andar, no para salir mejor en las fotografías.
DÍA 6
Sigo donde lo dejé: para conocer la auténtica identidad de alguien,
mejor que escucharle contar su vida, que nos permita examinar su
agenda. Eso sí que es acceder a su intimidad. Pero es curioso: intimidad
desapasionada. El formato obliga a conceder el mismo rango a recoger
un traje en la lavandería y a recoger el Nobel en Oslo. Todo debe
encajar en un rectángulo. Es una suprema lección de humildad:
hagamos lo que hagamos, su anotación cabrá en unos pocos
centímetros cuadrados.
DÍA 7
Hay también una perspectiva puramente plástica en esto: cada
día clavado como una mariposa, al lado de sus congéneres, en la caja
correspondiente. Como una entomóloga de la sensibilidad,
Miluca captura la impresión fugaz, la detiene y la fija para siempre. Como
tantas veces, como en tantas cosas, me da la impresión de que la
belleza resultante es a costa de alguna clase de muerte, de
desecación… no sé cómo decirlo. Y también luz de un día guardado
como un pétalo entre las páginas de un libro. También como el pétalo
irreconocible, la siguiente vez que abres la agenda ya no sabes que
quería decir ese garabato.
DÍA 8
Sí, si vuelvo sobre la metáfora del día pinchado en el diario me
acuerdo también de algo que leí: hemos de perder la experiencia
para ganar el sentido (¿qué tiene esto que ver? ¿o tiene que ver?). Y
también de una frase memorable de Dionisio Cañas: “Un ay! por lo que
no hay”. ¿Y por lo que hay, qué podríamos gritar?
DÍA 9
Decía que Miluca era entomóloga. No sé si definitivamente utilizaré
este término en el texto… Lo que quiero subrayar es ese carácter
científico. Diseccionador. Todos somos de todo, pero ella ha jugado
a desmontar el hojaldre de la personalidad en sus capas
superpuestas: Diario de un jardinero, Diario de un daltónico,
Diario de un náufrago…. Aunque, en realidad, también los jardineros
daltónicos naufragan.
DÍA 10
Llevo pensando todo el día que la selección de personalidades de los
diarios de Miluca responde a su rendimiento plástico: dibujante,
diseñador, tipógrafo. Sin duda esos son los casos de más fácil
resolución. Pero ahora, cuando me pongo a escribir a última hora, me
doy cuenta de que se ha atrevido también con el hombre vacío, el
geólogo o el censor. Ahí ya no era tan sencillo. O sea, que Miluca logra
proyectar la dimensión plástica y visual (también táctil) de cualquier
personalidad. Entonces la dificultad era escoger sólo 12 Otros.
DÍA 11
Porque bien habría podido titular su trabajo Diario de los otros que soy o
que no soy. Yo en ocasiones soy varios decidiendo qué hacer y no
tomo las decisiones por mayoría.Yo, a veces, miro dentro de mí y no
reconozco a nadie.
DÍA 15
Querido Diario, llevo varios días sin escribir. Y es que antes que nada
me gustaría saber a ciencia cierta qué estoy haciendo. Sólo estoy
dispuesto a un diario que sea algo así como un cuaderno de
contabilidad para llevar las cuentas de lo que le debe el alma al cuerpo
(y viceversa).
DÍA 16
Pienso que estos Diarios de Miluca no son tanto una representación
plástica de la intimidad cotidiana cuanto un intento de aprender a
arreglárselas con el paso del tiempo. Esta es una cuestión
capital. Por suerte, la vocación artística resuelve de un golpe y para
siempre la cuestión de qué hacer con el tiempo. Para el arte todo
tiempo es poco. Ya se sabe: Ars longa, vita brevis.
DÍA 17
¿Quién escribió que todas las artes propenden a la música? Por mi
parte, después de mirarlos una y otra vez detenidamente, he decidido
que el único diario que me gustaría que hubiera sido el mío es el del
daltónico. El más abstracto, el más anónimo, el más alegre. Ah, qué
alivio ir sólo de color en color, de escala en escala, de brillo en brillo.
Sin palabras, sin progreso ni pérdida, porque no hay un color
mejor ni peor que cualquier otro.
DÍA 18
Me gustan las agendas de mesa que ha elegido Miluca para este
trabajo. La hoja de cada día se ofrece completamente en blanco,
como un país nevado bajo la solitaria bandera de la fecha. Sin
líneas, ni horas que pauten el discurrir del tiempo (sin vallas ni
campanarios, si sigo con la comparación). Espacio más propicio
al dibujo que a la escritura, lugar más apropiado para divagaciones
que para ocupaciones. Cuanto más mayores nos hacemos (pero yo ya
no me puedo hacer mayor, solo viejo) más colonizado están estos
territorios vírgenes de los meses futuros.
DÍA 19
Escribí hace días que el arte liquida de raíz todo riesgo de aburrimiento.
Un artista no se aburre nunca, porque no hay nada ni nadie, ni
hecho ni desecho que no sirva para su obra. Y es que como no sabe
cuál será la próxima, no puede correr el riesgo de desperdiciar
nada. Es bien sabido que lo inútil es imprescindible para lo desconocido.
DÍA 20
Algunas de las más poéticas, persuasivas y desesperantes obras
de arte de las últimas décadas tienen el tiempo como tema. Date
Paintings de On Kawara (centenares de cuadros
monocromos donde sólo aparece pintada una fecha, pero con todas
sus variantes culturales o lingüísticas), también Perfect
Lovers, de Félix González Torres (dos relojes de pared sincronizados
en un ballet que es sólo piernas). También Still Life, de Sam Taylor
Wood, un bodegón de frutas que enmohece y se desintegra hasta
desaparecer en una rápida secuencia de tres minutos. Y en otro
orden de cosas, Sun Tunnels, de Nancy Holt, (cuatro grandes
cilindros orientados y cubiertos de perforaciones, que una vez al año
encajan -como anillo al dedo- con las constelaciones).
DÍA 21
Escribí hace unos días que el diario que más me gustaba era el del
daltónico. Sí, pero a falta del diario de un esquimal.
DÍA 22
Por si no se me ha entendido; aspiro a la nada y sus matices, de
consistencia, brillo y espesor. Mi torpeza me está ayudando bastante.
DÍA 23
La idea del diario permite trabajar con series y variantes. Una idea
acertada si se trata de la vida, donde nada se repite y todo se
parece. En la vida siempre estamos debutando.
DÍA 24
Me gusta mucho la fotografía digamos documental. Desde Paul
Strand a Paco Ontañón, por poner dos nombres entre mucho posibles.
Pero más me gusta la pintura. Una fotografía se puede acaso visitar. En
un cuadro se podría vivir. Y eso es porque los cuadros tienen sitio
dentro. Por alguna razón que desconozco, el tiempo que al artista
le llevó pintarlo, en el lienzo se convierte en espacio. Lo diré de otro
modo: la fotografía me permite ser espectador de lugares y momentos
en los que no estuve. La pintura, de lugares y momentos en donde
hubiera podido estar. La fotografía ocupa las anchas avenidas de los
distintos tiempos del indicativo. La pintura alberga los seductores
tormentos del subjuntivo.
DÍA 25
Pero es que la relación entre tiempo y espacio es inextricable.
Necesitamos el espacio para representar el tiempo, eso es
fácilmente comprobable. Y desde Einstein sabemos que el tiempo es
por así decir, una función del espacio. Si hasta cuando queremos
decir “lento” decimos “despacio”!.
DÍA 30
Querido Diario, llevo no sé cuánto sin tener tempo para ti, y mira que
tú eres el único que me comprende. Porque llamé a Miluca para ver si
me daba un mes más, porque veía que no llegaba y no veas cómo se
puso!. Bueno, he acabado el maldito texto. Por eso el dejarte de lado.
Como le pasó a Colón, que escribía todos los días, todos, su diario de a
bordo. Que si calma chicha, que si algas. Y luego, cuando descubre
América silencio. Cuando pasó algo fue precisamente cuando no escribió.
José María Parreño.