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No cabe duda de que la escala de una ciudad puede cambiar dependiendo
del tipo de construcciones que se hagan en ella. Como ya constató
Virilio “…Habitamos en espacios con proporciones que dan un sentido
a la escala…”
De ahí la importancia de la arquitectura como primera medida de la
tierra.Ésta transforma el espacio para convertirlo en un lugar específico
con un uso en particular, como un instrumento de racionalización que
dirige y divide el suelo, proporcionándole una disciplina.

Al desaparecer un edificio o una construcción queda un espacio vacío; el cual tiene un fuerte potencial crítico, porque la ciudad se contrasta con éste como una negación de su ideal. Vivimos entre grúas que ascienden y escombros que caen. Calles que son abiertas una y otra vez para engullir y ser ahuecadas.
Formamos parte de una sociedad en la que el valor no se encuentra ya en los edificios, sino en el espacio que ocupan, y en la que cómo destruir se ha convertido en una fuente de ingresos.
Cuando desaparece una casa, aparece el interior de lo que fue. Tendríamos, literalmente, una visión panóptica: se nos hará visible de algún modo todo el interior del edificio, ante el cual “imaginar” lo que fue o “anticipar” lo que habrá de ser.
Se dá una nueva definición del espacio con la aparición del vacío dejado por los edificios derribados.
La ciudad recupera así el principio de una vida que ha dejado de estar domesticada y en la que acontece una especie de asilvestramiento.
Estos lugares que nos invitan a reconstruir un paisaje mental, lugares de profunda amplitud, horizontales, en los que, como junto al horizonte, se tiene una experiencia a la vez íntima y común de lo abierto.
Ya no hay nada ligado a nada, es decir al suelo, sólo son episodios provisionales que pueden ser sustituídos por otros.
La superpoblación y la especulación del suelo provocan imágenes aterradoras de un entorno asfixiante.
Es una propuesta de trabajo acerca de las ciudades, de los espacios transitables dentro y fuera de la ciudad, de cómo van cambiando continuamente por las acciones de las personas que las ocupan y transitan por dichos espacios. Se tarta de una crítica a la forma de interactuar en todo lo que nos rodea.
De dar identidad a esos lugares abandonados y dotarles de una nueva memoria. Lugares vacíos, medio en ruinas, a punto de ser derribados, solares, construcciones, jardines, todos con un futuro inmediato, ya planificado.
A la estética de la aparición sucede la de la desaparición. Las formas, las imágenes surgen de sus sustratos. Parece que para que una ciudad se renueve ha de ser destruída primero. Los huecos que van dejando los viejos edificios derribados han de dejar paso a nuevas construcciones “modernas”. Pero entre un paso y otro, entre un momento y otro queda un espacio de tiempo en el que imaginariamente podemos reconstruir el pasado o anticipar algún futuro.
Concha Pérez