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ficha

(León, 1971)
Los inicios de su carrera vendrían marcados por la experimentación con el vídeo y la fotografía. Esta actividad le
llevaría a tomar parte en diversas colectivas de tesis que intentaron establecer las líneas de fuerza de la creación
videográfica en España durante la década de 1990 (Videocreación (MNCARS y CGAC, 1995), Curtometraxes de
animación de hoxe en dia
(CGAC, 2002).
Su trabajo ha ido decantándose por el dibujo y la ilustración, fundamentalmente con tinta y acuarela. A través de
diversas series hace de cuestiones cotidianas el centro de su trabajo, si bien arrojando sobre ellas una poderosa
sombra de inquietud, que no oculta. Su obra, siempre figurativa, se centra en la acción de personajes en solitario;
la ausencia de escenarios en los que se desarrolla dicha acción atrae inicialmente el interés de la mirada sobre
aspectos técnicos –dibujo de línea concentrada y clara, colores matizados y suaves-, si bien el extrañamiento de la
acción lleva con celeridad a la generación de preguntas acerca de lo que está ocurriendo en la escena.
En Monstruos (2005), acumulaciones informes de ropas no impiden ver entre las mismas extremidades humanas; una aparente colada vira, de esta forma, hacia una dimensión inquietante, construida mediante fragmentos que, en su suma, adquieren una nueva y extraña totalidad. Por su parte, Buscando la felicidad (2005) nos muestra a un personaje en los márgenes del papel portando una especie de flotador en el que oculta su cabeza; de nuevo el desplazamiento hacia lo inquietante proviene del uso –y naturaleza- dado al objeto, aparentemente común e inane y de funciones ordinarias precisas, pero que aquí adquiere una ambigua dimensión provocada por la indefinición de su aplicación y la sugerencia de la existencia de otro espacio más allá de aquel en que tiene lugar la acción: inútil refugio, probable vía de escape, ventana hacia otra dimensión.

En Vestirse (2005) la serie aporta una cierta idea de narración: asistimos al proceso por el que un hombre se viste con prendas femeninas. Del mismo modo, la presencia de una silla en la que aparecen depositadas las prendas y un espejo indica una doble relación con el espacio; no obstante, éste no aporta ninguna pista acerca de la significación de la acción. La ausencia de un contexto trunca, de nuevo, la construcción de un relato cerrado, unívoco, haciendo del observador y de su propia consideración protagonistas para la interpretación o construcción de sentido de lo que se representa en una serie donde, no obstante, vuelve a primar la idea de una cotidianeidad desplazada.

Si bien asistimos a series en las que primaría un fuerte componente ficcional, algunos trabajos como Breves (2006) establecen lazos inequívocos con hechos reales, si bien siempre teñidos por lo cotidiano. A partir de la iconografía y el formato de las páginas de contactos de la prensa diaria diseña una especie de fachada a la que se abren diversas ventanas. Los espacios en blanco entre las diferentes viñetas podrían remitir a una especie de relato fragmentado, una especie de narración de la que se nos hubieran sustraído diversas escenas que, en este caso, determinasen nuestra interpretación. Las viñetas-ventanas nos muestran la silueta de diversas figuras, mayoritariamente femeninas y construidas sólo mediante líneas, abstracción de las imágenes que ilustran dichas secciones de diarios, algunos de cuyos nombres figuran en cada uno de los dibujos –al igual que una fecha- lo que clarifica –y determina- el sentido. Si en Vestirse asistíamos, al menos en apariencia, a un acto privado –y anónimo- sujeto a una narración abierta, ahora nos encontramos ante una escenificación pública y explícita, a la que la presencia de las referencias directas a la prensa niega, en cuanto a significación, cualquier lectura ambigua, que queda relegada al tipo de relato que se nos muestra –crónica, ficción, documento, denuncia. La exhibición y el anonimato también figuran en la serie Escaparates (2006) donde de nuevo ofrece diversas alternativas de significado acerca del carácter de este tipo de espacios –expresivamente aislados en la superficie del papel- y de los personajes que ubica en ellos, todos bajo los focos, unos maniquíes, otros, al menos en apariencia, humanos en actitud concentrada y reflexiva. La figura femenina, protagonista de ambas series, es sustituida en Máquinas por personajes masculinos situados en interiores indefinidos donde dispone objetos domésticos en imposibles acumulaciones entre las que se confunden las actividades desarrolladas por el individuo, mayoritariamente de corte lúdico –leer, pintar-. Tareas domésticas, ámbitos profesionales y estereotipos, roles y diferenciaciones de género a partir de lo cotidiano hacen de esta serie una suerte de contrapunto a las centradas en lo femenino. Esta estrategia se puede rastrear en algunos de los trabajos que realiza en el seno del grupo Los profesionales, donde colabora con Ignacio Pérez Jofre.

Máquinas pone de manifiesto una nueva estrategia de construcción de la imagen, basada en la acumulación y la yuxtaposición de elementos. No se trata, en todo caso, de una lógica natural, sino de la creación de un ámbito irreal generado por una suerte de disociación entre el objeto representado y su contexto. Si la disposición de los enseres domésticos de Máquinas los convertía en extraños dispositivos de dudosa funcionalidad en su visión general, la acumulación a modo de columna infinita de diversos tipos de casas en Vivienda rural (2006) vendría a denunciar el manejo del entorno vital de la artista, llevado por una ilógica espiral de construcción descontrolada, alejada de cualquier marco planificador. La acumulación podría entenderse en clave irónica acerca de la gestión y malversación de conceptos como el de sostenibilidad, que podría rastrearse, igualmente, en la serie Puesta en escena (2007). La visión sobre la construcción y la alteración del territorio centra el contenido de la serie Movimientos de tierra (2008) donde a la acumulación antes referida añade una absurda simultaneidad de acciones, que genera un imposible balance entre fragmentos y totalidad.

Lo cotidiano ha sido referencia habitual en su trabajo, pero con una carga crítica que se ha ido haciendo más patente progresivamente. A su interés por el individuo ha sucedido un desplazamiento hacia asuntos de mayor alcance global, de los que el medioambiente parece ser uno de los aspectos más importantes, aunque expresado a través de referencias tangenciales. Lo explícito de Vivienda rural o Movimientos de tierras deja lugar a referencias culturales, destacando El árbol de Audubon, una reflexión a partir del trabajo de observación y clasificación llevado a cabo en el primer tercio del siglo XIX por el naturalista británico John James Audubon, en el que de nuevo la idea de simultaneidad confiere a la escena un manifiesto aire de artificialidad, concepto que cobra especial protagonismo en sus últimas series, como en Paisaje flamenco (2009), en la que la que convoca a la historia del arte para hacer un collage de fragmentos paisajísticos, cuya yuxtaposición no permite generar una visión articulada y sintética de los mismos, sino una especie de construcción, no tanto sobre la operatividad y funcionalidad del territorio, sino acerca de su idealización como imagen abstracta.

Por Ángel Gutiérrez Valero
Marzo de 2011.