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Dis Berlin (Mariano Carrera. Ciria, Soria, 1959)
Realizó sus estudios de Bellas Artes en Zaragoza, ciudad a la
que se trasladó en 1964, pero fue en Madrid, en 1982, donde inició
su carrera artística. Aquel año participó en las exposiciones colectivas
Pintura Joven, organizada por el Ayuntamiento de Fuenlabrada (Madrid),
y Su disco favorito, en la Librería-Galería Antonio Machado; en este
espacio tuvo su primera muestra individual, titulada A song for Europe.

El nombre lo tomó prestado de una canción de Roxy Music y desde ese momento las referencias musicales contemporáneas –especialmente a David Bowie y al grupo de Bryan Ferry, de los que aprendió el camino del eclecticismo y de la transformación– se convirtieron en uno de los rasgos más característicos de su trabajo en la década de los ochenta. Así, sus siguientes exposiciones individuales llevaban por título Nuevas canciones para Europa (Galería Buades, 1986), Station to Station (Galería Columela, 1987) –nombre de un álbum de Bowie– y Love Dreams (Galería Siboney, 1989). Inserto en el circuito artístico madrileño que apostaba por la práctica de la pintura pura, Dis Berlin se significó como un pintor figurativo cuyas sugerencias temáticas y fuentes iconográficas procedían de la literatura y del cine clásico de los años cuarenta, además de la publicidad y la propia historia del arte. El conjunto de su pintura de esta década se ha calificado de “época azul”, pues es el color que domina en toda su producción. Los asuntos de esos cuadros, realizados entre 1985 y 1989, son aviones, aeropuertos, vistas interiores de barcos, paisajes urbanos o marítimos, etc., y encierran un alto sentido narrativo –en muchos casos acentuado por la composición en dípticos o la división del lienzo en varias partes, como Mujer volcán (1985) o El viajero inmóvil I (1987)–. Aquellas pinturas se presentan, pues, como fragmentos de un relato o como el fotograma de una película, como ejemplifican Barcelona 1900, Aeropuerto de Stuttgart, Airport Solitude, Torre de control, Estación metafísica o El pintor de Leningrado, todas ellas del muy productivo año 1985.
A finales de los ochenta, Dis Berlin dio un paso en su pintura hacia la concreción de su estilo. En los trabajos de ese momento se advierte el viraje de su paleta hacia colores saturados y el establecimiento de acusados contrastes entre tonos fríos y cálidos, una voluntaria renuncia al punto de vista único en la composición, la eliminación del sentido de profundidad, así como la basculación hacia lenguajes sintéticos y una pintura plana. En esos años inició su serie de interiores domésticos de connotaciones metafísicas, como El cielo (1989) o Mi casa en el cielo (1990), que se prolongó a lo largo de la década, como ejemplifican Rincón de los viajes imaginarios (1996), El cuarto de invitados (1996) o Tertulia (1998-1999). Paralelamente trabajaba con referencias a los maniquíes de Oskar Schlemmer, como se aprecia en Tres musas para Diego (1987); con el motivo del arabesco: Bodegón de Wonderland (1992-1993); con el silueteado de figuras en negro y los guiños picabianos, como el tríptico En las puertas del paraíso (1987-1988), donde también están presentes las soluciones abstractas propias de la cultura psicodélica que dominarán su serie The Creation (ART´21, Basel. Galería Buades, 1990) y que encontrarán continuación en sus fondos de discos de colores y en su particular apropiación del mandala como motivo y origen de numerosas obras a lo largo de la década siguiente, tanto pictóricas –Adán (1990), Eva (1990), Oráculo (1993), Metamorfosis (Viaje por el mundo de las formas) (1993), Altar de la meditación (1994), Cantos: Nirvana (1994)– como escultóricas –Transfiguraciones I y II, Pesa metafísica (1994-1997) o la serie Columna cósmica (1995- 1997), que deben tanto a la concepción de columna infinita de Brancusi como a los juguetes diseñados por los alumnos de la Bauhaus. Todo su trabajo, pues, lo entiende como la manera de hacer compatibles muchos tipos de pintura.
A comienzos de los años noventa, en sus exposiciones Paradise/Heaven (Galerías Buades y Columela, 1990), Cantos (Sala de Exposiciones del Banco Zaragozano, 1990) y El viajero inmóvil (Castillo de Valderrobles, Museo de Teruel, 1991) Dis Berlín estableció el hilo conductor de su discurso estético y la configuración de su personal imaginario. La idea del viaje desde el estudio de trabajo, derivado de la lectura de Paul Morand, Valéry Larbaud y Patrick Modiano principalmente, y la consecuente ideación de escenas y destinos no vividos se impusieron como el estado natural del artista y punto de partida de su trabajo. Entendió la pintura como la metamorfosis de un flujo continuo de ensoñaciones, como puso de manifiesto en su exposición El cuadro infinito (Universidad de Valencia, 1991, e Instituto de Cooperación Iberoamericana, Buenos Aires, 1992), donde concibió un único gran cuadro a partir del encabalgamiento de motivos. Pero donde realmente definió, y así se reconoce, su poética pictórica fue en el hallazgo del Wonderland de Lewis Carroll como modelo para el desarrollo de su particular museo imaginario. Así, su pintura predominantemente plana y poblada con objetos y personajes referenciales a su mundo interior, se presenta como un no lugar sin tiempo ni espacio determinados, una suerte de escenarios cósmicos, ambiguos, heteróclitos y fantásticos. Su pintura, sus dibujos, sus fotografías y fotomontajes –irónicos y con cierto regusto duchampiano y surrealista– se fundan en la vivificación constante de un mundo onírico cuyo punto de partida se halla tanto en su pulsión coleccionista de objetos e imágenes como en sus guiños personales a la literatura y a la pintura. De ahí que en su trayectoria no haya variación de estilos, sino insistencia en una serie de temas (el espacio del pintor, objetos cotidianos que, traspuestos en el cosmos, adquieren otra entidad, etc.) abordados desde lenguajes diferentes: figuración metafísica, abstracción geométrica, soluciones psicodélicas, collage, etc. De esta insistencia o viaje espiral por su vasto imaginario dan cuenta los títulos de sus múltiples exposiciones, advirtiéndose cómo algunos reaparecen al cabo de los años: La isla de los sueños (1991), Wonderland (Un mundo para Claudia) (1993), Paisajes de Wonderland (1993), El jardín de la inmortalidad (1994), El canto de las constelaciones (1995), El reino de las metamorfosis (1995 y 1998), Personajes de Wonderland (1996), Mi casa en el cielo (1996 y 2007), Nirvana (1998), Viaje a Nirvana (1999), El museo imaginario de Dis Berlin (1999), El rocío de las constelaciones (1999), Caleidoscopio (2001), Cincuenta cuadros inéditos (2001), El cielo (2001), Casa de almas y El cielo de la pintura (2002), El sueño del alquimista (2003), Laboratorio de misterios (2005) y Castillos en el aire (2006).
Numerosas son las fuentes artísticas, literarias y musicales que tanto el propio artista como la crítica reconocen en su obra. Se trata de una lista infinita encabezada por Ovidio y De Chirico, continuada por el Aduanero Rousseau, Las mil y una noches, las miniaturas persas e hindúes, Fellini, Los viajes de Gulliver, Milan Knuc, Magritte, algunas películas de Walt Disney, Grandville, Guillermo Pérez Villalta, Joseph Conrell, Patinir, Kubin y Bulgakov, Pinocho, Little Nemo, Vathek de William Beckfort, Urbano Lugrís, Canetti, Marcel Schwob, Borges, Alex Raymond, la primera música psicodélica, Syd Barret, Sargent Peper´s de los Beatles, Forever Changes de Love, el viaje no menos psicodélico de Alicia y Carpaccio. A ellos se añaden Francis Picabia, Sigmar Polke, Richard Lindner los Cantos de Ezra Pound, Balla, Depero, Hans Arp y Maruja Mallo.
Cabe citar que Dis Berlin fundó en Madrid, en 1991, una editorial y una sala de arte con le nombre de El caballo de Troya; y que desde los años noventa compatibiliza su actividad artística con labores de comisariado. En ese mismo año organizó la muestra colectiva El retorno del hijo pródigo (Galería Buades, 1991), que marcó el inició de su voluntad por reconocer y reagrupar a los representantes, en el panorama artístico español, de una pintura enraizada en la figuración neometafísica y caracterizada por la propuesta de universos personales.
Rocío Robles Tardío