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ficha

(Madrid, 1969)
Web:angelnuñezpombo.com.es
La naturaleza ofrece un inabarcable catálogo de estrategias de engaño, de formas inimaginables de trampas que tienen
como único objetivo atraer a la víctima a un espacio sin retorno. No son extraños los dispositivos que incitan a una
curiosidad fatal mediante fragancias irresistibles. Tal vez más frecuentes sean aquellos que entran por los ojos a través
de formas atractivas y colores sugerentes. En cierto modo, buena parte de la historia de la plástica occidental se ha
basado en estos mismos postulados. Sólo la mirada ha gozado de status suficiente en el ejercicio de mediación entre
el espectador y lo creado, minimizando otras formas sensoriales de relación, percepción o comprensión de lo sensible.
Sólo la visión ha sido demandada como medio pertinente para verificar las coordenadas que delimitan lo sensible. Esa consentida exclusividad ha permitido minar el terreno con trampas y dispositivos a los que eran impunemente atraídos cándidos, incautos y crédulos. Ángel Núñez Pombo no es esencialmente un pintor, pero en sus primeras propuestas objetuales se sirvió de algunas de las artimañas de lo retiniano –de lo pictórico- para entablar una personal relación crítica en torno a cuatro ideas nodales que han constituido su trabajo: la forma y el espacio en cuanto componentes primarios del objeto y la representación escultóricos, y un examen sobre los modos de percepción y de recepción de ambos por parte del espectador, aspectos estos últimos que han cobrado otra significación y relevancia y una mayor complejidad con el paso de los años.
Licenciado en Bellas Artes (Universidad Complutense de Madrid, 1993), Núñez Pombo desarrolla la primera parte de su carrera en Estados Unidos, con varios ciclos de posgrado en la Virginia Commonwealth University de Richmond. Será en aquel país donde inicie su periplo expositivo, con su participación en varias colectivas celebradas en Chicago (Paradise en la Glass Curtain Gallery, 2001), Nueva York (Fresh Meat y Young and the restless, ambas en la Kim Foster Gallery en 2001 y 2002 respectivamente), Washington y Rigefield.
En una fase inicial de su trayectoria, Núñez Pombo construye con fibra de vidrio y otros materiales formas tridimensionales abstractas, de reminiscencias biomórficas. Se trata, en primera instancia, de estructuras escultóricas, mayoritariamente concebidas para ser ancladas en la pared, si bien en otras ocasiones dispone de soportes verticales sobre los que coloca el objeto. Las formas redondeadas y bulbosas de estos objetos -la carencia de aristas- les resta agresividad, en una estrategia de seducción que se ve reforzada por cierta sensación de blandura –objeto inofensivo-, así como por el empleo de ornamentación pictórica, no sólo sobre la superficie de los objetos –manchas y formas abstractas, colores planos, disposiciones simétricas- sino que, en algunos casos, la colonización de la pared por parte de esos mismos motivos pictóricos redunda en una cierta estrategia de camuflaje –ocultamiento- del objeto. Su proyección contra el plano de la pared cierra una afortunada combinación de elementos formales que reclama la atención plácida del espectador, quien se relaciona primariamente con el objeto no en términos espaciales sino en otros de régimen estrictamente visual. En su aproximación, el espectador comprueba la existencia de un número determinado de mirillas en la superficie del objeto, que incitan a mirar en su interior. Si bien pudieran establecerse relaciones de remoto parentesco con fórmulas de otra lid desarrolladas por Duchamp, el empleo de las mirillas por parte de Núñez Pombo remite a la mediación a que el objeto escultórico somete al espectador en relación con el espacio. Lejos de ser experimentado en los términos fenomenológicos que germinaron tras los planteamientos minimalistas, Núñez Pombo fuerza un acercamiento en clave visual a esta cuestión, que no se detiene en la exterioridad de la escultura –la experiencia del espacio que ocupa y en que se expande- sino que se adentra en su interioridad, esto es, en la exploración de las posibilidades del espacio que el objeto limita internamente.
Lejos de analizar cuestiones referidas a la materialidad o, como oposición, al vacío de ese más allá de la superficie que no se ve, Núñez Pombo fuerza los componentes de su propuesta, simulando tridimensionalmente mediante juegos lumínicos y ópticos, un espacio arquitectónico intervenido. De este modo, y en términos formales, el interior se constituye en lugar de conciliación de toda una serie de recursos tradicionales para la pintura a la hora de generar la sensación de espacio y profundidad. En otro orden de cosas, la escenografía generada –de equívocas y múltiples referencias (ciencia ficción, espacios expositivos, cultura de club)- no deja de expresar la imposibilidad de la aprehensión del espacio así constituido más allá de lo que su mera visibilidad permite. El espacio que se acota, armado según claves formales –pureza geométrica, marcadas fugas, fuertes contrastes cromáticos-, se nos muestra inhabitado, inanimado en cuanto lugar en el que ocurre algo. Al final, lo único que acontece es el desvelamiento a que ha dado lugar nuestra mirada arrojada sobre ese interior, pero no así ni su vivencia, ni su experiencia diferenciada. Con esta propuesta, Núñez Pombo retoma por otros medios el ya tradicional y recurrente cuestionamiento de la mirada –la visión- como vía de entendimiento y comprensión de lo real, por impreciso que también resulte igualmente acotar este último. En otro sentido, el artista parece recrear antesalas, espacios intermedios entre una exterioridad en la que se ubica el ojo que mira y un espacio que está más allá de la fugas, los laberintos y los espacios compartimentados que se ofrecen a la visión, y que sólo mediante indicios podemos atisbar, intuir o imaginar.
Tras un primer paréntesis docente en EE.UU, a partir de 2004 expone con regularidad en España; ese mismo año obtiene una beca de creación artística del MUSAC (León), y un año más tarde logra el Premio CajaEspaña de Escultura. La serie Alternancias, que arranca en 2006, supone un giro en la trayectoria de Núñez Pombo. El sencillo, pero eficaz, componente técnico asociado a los objetos precedentes es sustituido por sistemas informáticos, leds y motores. Con ellos arma una obra cinética que combina luz –escribir mediante efectos lumínicos- textos –cortas frases cuya completud está sujeta a un azar que proviene del propio dispositivo mecánico- y tiempo –la persistencia, la retención y la memoria-, para proseguir en su búsqueda entre las fisuras que permitan cuestionar la validez –o la exclusividad- de lo retiniano en un contexto de dinámica perceptiva. De esta manera, busca la escenificación performativa de contrastes y oposiciones entre aparición y desaparición, lo percibido frente a lo aprendido, conocimiento y experiencia, dialéctica que concurre en títulos que, como Quiero hablar contigo sin decirte nada, The wonder is still out there, Hoy me siento un poco azul o This is not a love song, equilibran el inicial protagonismo del componente tecnológico de la serie.
El espacio opera en Alternancias como escena. En este conjunto de obras, el espectador aparece como un elemento pasivo en el proceso de desvelamiento de los contenidos de cada una de ellas. Encuentros (2006) inicia una nueva línea de investigación en la que aquellos dos componentes –espacio y espectador- jugarán papeles más activos. Mediante procedimientos informáticos, los desplazamientos del espectador por el espacio –duplicado en un escenario virtual que cartografía los movimientos de aquel- se convierten en información –inputs-, que modifican los contenidos de una propuesta plástica inicial. En el caso de la ya referida Encuentros, los paneles que conforman la fachada del Musac sirven de soporte para la traslación y representación cromática de las notas de la conocida música de la película Encuentros en la tercera fase a partir de los movimientos del público ante el museo. En Miho (2008), el proceso de acercamiento del espectador de un vídeo en el que una violinista interpreta una pieza de Bach permite examinar y diferenciar varias acciones que tienen lugar simultáneamente, pero que no percibimos –ni disociamos: la interpretación en cuanto tal –el plano creativo-, la audición de la respiración de la músico –el plano físico- y, finalmente, el sonido aislado de los latidos del corazón de la intérprete –un índice de una exigencia emocional que sólo parece operar desde un punto de vista subjetivo-. En esta serie de obras –de la que también formarían parte Cattivo maestro, Noi siamo sbagliando tutto (Anita) y Jamming– el sonido aparece como un elemento fundamental en el proceso de desvelamiento de los múltiples planos que conforman la realidad, cuyas complejidad y diversidad de elementos nos quedarían vedadas si fuera la visión la única estrategia empleada de comprensión y conocimiento. En otro orden de cosas, Núñez Pombo no reniega de algunos de los procedimientos que empleara al inicio de su trayectoria. Así, mantiene el carácter seductor de la pared, en cuanto elemento portante –en este caso, plano de proyección-, empleada como trampa, como punto de atracción que obliga al espectador a interactuar involuntariamente con el espacio, conformando un par de elementos que simultanean los roles de materia, soporte, información y síntesis significante.
La beca de creación artística que le concede Hangar en 2009 le permite una residencia en el Tokyo Wonder Site. La capital japonesa se convierte en tema central de una nueva serie de obras –Yamanote Line, Uncanny, Tokyo Ads-, en las que, mediante técnicas de mapeado, vuelve a conciliar el movimiento –las calles, los medios de transporte, la información- y la luz –fisonomía urbana sujeta a la publicidad luminosa de las calles, la diferencia entre la ciudad diurna y la ciudad nocturna-. Del mismo modo, sigue poniendo de manifiesto la dualidad en cuanto soporte y materia de la pared y el espacio, jugando con resaltes, ritmos y programación para generar la sensación de inmersión en un espacio cuya virtualidad no dista en mucho de la difusa, cuando no fantasmagórica, materialidad en que se manifiesta la ciudad de Tokyo.
Ángel Gutiérrez Valero, 2011.