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ficha

(Salamanca, 1963)
Formada en la Facultad de Bellas Artes de Bilbao, donde se especializa en Artes Gráficas (1986), concentra una
primera etapa de su carrera en la práctica del grabado, que simultanea con su actividad docente en la Universidad
del País Vasco. Sus primeras exposiciones –Nuevas propuestas xilográficas (galería Kaska), Windsor Kulturgintza,
ambas de Bilbao en 1988- muestran sus trabajos xilográficos, donde la presencia de su propia experiencia vital
figura ya como un aspecto que será recurrente, con mayor o menor centralidad, a lo largo de su carrera, a través
de las referencias al viaje, a la muerte o al arte.
Estas, siempre desde un prisma cercano y personal, constituyen el material a partir del que desarrolla una plástica eminentemente figurativa, si bien ornada con elementos abstractos, donde se funde el interés por el tema y otras cuestiones formales y matéricas relacionadas, fundamentalmente, con la valoración que hace de la madera como materia primaria de su trabajo, en el que la práctica artística figura como una suerte de vía de conocimiento. A mediados de los años 90 abandona Bilbao para iniciar una nueva etapa vital en Barcelona. Poco antes ha comenzado a experimentar con formatos tridimensionales: una escultura de formas blanda, en la que están presentes algunas reflexiones en torno a sus propios condicionantes como lenguaje, que conviven con una orientación hacia temas que tienen en el cuerpo su aspecto más destacado, si bien siempre a través de elementos periféricos e informes: no hay un interés por la fisicidad del mismo, sino por ideas que remiten a fragmentos, fluidos, desechos, etc… El uso del nylon puede remitir a aspectos que introduce en su obra cuestiones relacionadas con el género –las medias, el relleno-, si bien no son especialmente determinantes del significado de su obra.

Su obra adquiere un cambio sustancial a mediados de la década de los 90. Abandona el grabado a favor de la fotografía y la producción tridimensional, a la vez que las temáticas tratadas, vinculadas en cierto modo con las ya desarrolladas previamente, se vuelven más complejas. La memoria, que sigue teniendo un protagonismo esencial en su plástica, experimentará un tránsito desde lo estrictamente personal hacia una reflexión de ámbito más general. Este viraje, importante en sí mismo, adquiere mayor valor tanto por la originalidad con que lo aborda y hace evolucionar, como por las temáticas derivadas que cobija. Infancia y género constituyen un primer par de coordenadas que explica la serie de muñecas que produce a mediados de década, a las que denomina genéricamente Monitas. Individualizadas posteriormente al asignarles un nombre a cada uno de los ejemplares que produce, camufla tras una suerte de amabilidad asociada a la imagen de la muñeca infantil toda una serie de fórmulas de hibridación y mutación de seres vivos en forma de deformaciones, mutilaciones y duplicaciones que ubica en un futuro temporal relativamente próximo. La muñeca, como juguete infantil cuyo aspecto adquiere la propia artista en algunas de las fotografías que dan forma al proyecto, pierde aquí su inocencia para convertirse en el vehículo de una denuncia acerca de las imprevisibles consecuencias del modo en que gestiona el hombre moderno su relación con el medio, en una aproximación que si bien no huye de planteamientos de índole material, se asienta, esencialmente, sobre valores de carácter ético. Este trabajo constituye la base de una serie continuada de exposiciones individuales que celebra a finales de la década: Habitantes -Galería Estrany-De la Mota. Barcelona (1998)-, Pic-nic en Paraíso -Galería Espacio Mínimo. Murcia. (1999), Contactos en Paraíso -Galería Le Bureau des Esprits. Milán (2000)-, La zapatería de Álix -Bilbao Arte. Bilbao (2000).

En Entiéndeme tú a mi (Sala Carlos III. Universidad Pública de Navarra. Pamplona) y Una historia verdadera (Galería Espacio Mínimo. Madrid.), ambas en 2002, mantiene la infancia como repositorio iconográfico y conceptual, pero matizado por una lectura no exenta de un poderoso barniz siniestro que cuestiona la eficacia con la que se ordenan y desarrollan los mecanismos de creación de identidad, conocimiento y relación con el mundo que se formulan durante la niñez. Lejos de abundar en referencias plásticas explicitas, a los juegos y juguetes infantiles se sumarán ahora la literatura o el imaginario infantil (espantapájaros, ataviados como hadas, abandonados en medio de abruptos paisajes, gigantes y magos enzarzados en disputas para los que se sirven de los más convencionales enseres domésticos), así como otros territorios claramente relacionados con la fantasía, como la magia (Chistera) o la animación (Casco). Estos ofrecerán en la obra de Bergado su rostro menos amable, como incidiendo en la fragmentación y dirigismo de los procesos de construcción de la conciencia del mundo y de la relación que experimentamos con símbolos y construcciones simbólicas. Si bien sus componentes tienen un alcance universal, planea en toda la obra su propia experiencia vital, empleando para sus escenografías fotográficas paisajes de entornos de su infancia, juegos vividos y experimentados o escenarios familiares cercanos. Como elemento significante cobra especial importancia la jaula –referencia que pudiera mantener relación formal con la estructura de esqueletos que también comenzará a ser lugar común en su obra- vinculado, como queda dicho, a escenarios de la niñez y, de modo muy explicito, a las figuras paternas y a objetos como los libros o las joyas. Simultáneamente, las Monitas se ven ahora complementadas con las Batimalas, nuevos personajes híbridos que participan de una triple condición humana, animal y mecánica, que vuelven a poblar escenografías naturales muy vinculadas a pasajes de la vida de Bergado.

La relación humana con el medio y, en especial, con los animales, sigue figurando como tema esencial en los trabajos que expone en Espacio Mínimo de Madrid en 2004, si bien ahora se hace patente otro par de aspectos que irán adquiriendo peso específico en su producción en la segunda mitad de la década: la vanitas y una grave reflexión en torno a las conexiones entre progreso y ciencia. Como se ha apuntado, la originalidad de su propuesta estriba, esencialmente, en el lugar desde el que construye su propuesta. Memoria, antropología, arqueología y museo mantienen carácter y sentido de acuerdo con las claves en son interpretadas en nuestro tiempo, pero las hace habitar un lugar en un futuro indeterminado, simultáneamente pasado remoto para un indeterminado presente que no es el nuestro en el que cráneos, esqueletos, reliquias y otros signos mutantes e híbridos figuran como nuestra más sórdida y legítima herencia. En Hom@ (Espacio Mínimo, 2009) abunda en una iconografía mutante para sintetizar aquél ámbito de reflexión, incidiendo en sistemas de ordenación y sistematización actuales –taxonomías, lenguajes museográficos- insertados en un futuro que sirve de excusa para desplegar una amplio dispositivo de interpretación sobre el ser humano contemporáneo. La prevalencia de los valores economicistas, el descrédito de las emociones como activo fundamental de lo humano y el desprecio con que las sociedades modernas manejan el medio son sólo algunos de los aspectos que le permiten establecer una desalentadora panorámica acerca de las vías por las que transita el hombre moderno hacia un turbador futuro.

Por Ángel Gutiérrez Valero
Marzo de 2011.