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Julio Falagán ha conseguido un reconocimiento temprano en el circuito de arte emergente. Su obra toma
como punto de partida la pintura, pero justamente aquella que circula en la vida real y que él adquiere
comprando “cuadros-hechos” en los mercadillos. Falagán se apropia de las escenas de caza, bodegones,
marinas o paisajes convencionales para llenarlos de objetos extraños que conviven sin dificultad ayudados
por anotaciones y leyendas. Como pies de foto, o textos de viñetas, las anotaciones resuelven las sorprendentes
relaciones entre los personajes autóctonos de los cuadros, y los invasores o recién llegados.
Sus incisiones convierten el cuadro literalmente en una viñeta. En otras de las series Falagán también combina en collages iconografías que nunca debieron encontrarse. Su obra se hace reconocible con una inconfundible impronta visual asociada a estas mezclas de personajes. Aunque en algunos proyectos ha alternado estos planteamientos con ensamblajes objetuales y dioramas, la mayor parte de su trabajo transita por una ocupación irónica de la pintura decorativa que remite a la concepción cotidiana del cuadro como espacio decorativo. Los entornos paisajísticos que permiten la hibridación de los elementos de la cultura popular y mediática con las viejas estructuras pictóricas, y esta promiscuidad iconográfica podría remitir a artistas de generaciones anteriores y de poéticas diversas como Juan Ugalde o Patricio Cabrera que han reinterpretado el soporte y la tradición bajo el principio del collage y el mestizaje iconográfico. Sin embargo, la propuesta de Falagán discurre en el énfasis del objeto-cuadro del que se apropia y del desbordamiento lingüístico de sus lemas y eslóganes. Las frases que Falagán escoge para acompañar tales visiones también son frases hechas. La sonoridad de esas expresiones activa el mismo resorte del reconocimiento que las imágenes encontradas. Son ecos capturados del paisaje sumergido de los lugares comunes, expresiones e imágenes latentes que todos hemos visto y oído en alguna ocasión. La estructura del reconocimiento sirve de apoyo así a una complicidad con el espectador que se intensifica en las asociaciones sorprendentes y mezclas imposibles. La ironía de Falagán se muestra en esas asociaciones en las que siempre cuenta con el espectador como un agente implicado en el desdoblamiento de los significados y en los giros inesperados que recuerdan a los eslóganes de la publicidad o de los medios. Indudablemente la práctica desdramatizada de una pintura parásita aparece como un medio privilegiado (aunque no el único) para estas conexiones acompañadas del ruido de fondo de las palabras.
Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca en 2005, su trayectoria expositiva en solitario ha discurrido por la Galería Caracol, Valladolid, y Carmen de la Guerra, Madrid, en 2008; Centro Cultural Caja de Burgos y Galería Artificial de Madrid, en 2005; Galería Raya Punto de Salamanca, en 2004. Pero su obra ha sido seleccionada en varias exposiciones colectivas entre las que cabe destacar la edición del INJUVE del 2006 en la que obtuvo uno de los premios y en Aptitud para las armas, también en la sala del INJUVE en un proyecto autogestionado por los participantes en el proyecto Estancias, tutorizado y dirigido por Publio Pérez y Marta de Gonzalo. También son destacables entre sus méritos curriculares los numerosos premios de pintura y de ilustración y cómic obtenidos de la Junta de Castilla y León, del programa Generaciones de Caja Madrid o de Caja de Burgos. El listado de menciones y premios en el circuito del llamado “arte emergente” muestra el reconocimiento obtenido por un artista cuyo discurso ha sido tempranamente considerado como uno de los más interesantes de su generación.
Entre las series más destacadas de Falagán, algunas como Rarezas, Perturbaciones espaciales, o Terapias sugieren una recopilación de residuos de la imagen mediática, de la prensa, el cómic y de las publicaciones pulp que son reconstruidos en el impacto poético de los ensamblajes imposibles. Sus obras son, así, el resultado de una teratología de los medios y los residuos del naufragio del arte. La repoblación de personajes ajenos a las escenas que encuentra en sus cuadros nos habla de una pintura ready made que alterna diversos mundos. El efecto último es una reconciliación por la vía irónica entre alta y baja cultura que actualiza la tradición del pop y del apropiacionismo postmoderno a través de una eficaz estrategia de reciclaje.
Por Víctor del Río [3/4/10]