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entrevista

¿Conoces a Silvia Prada? Por si todavía no controlas a la ilustradora española
que causa conmoción con su irónico lápiz en «Dazed & Confused», «Interview» o
«The Face», el polifacético Joan Morey, artista invitado del mes, traza su perfil con tiralíneas.
Morbo, descaro, aire fresco y manierismos envolventes son el catalizador
en el espacio discursivo de Silvia Prada (Ponferrada, 1969).
Su labor creativa, sobre todo como ilustradora, abre puertas en el campo de la comunicación mediante un revisionismo crítico de la actualidad, su realidad más sórdida y las culturas juveniles inmediatas. Todo un cúmulo de referentes y reflexiones que esta disputada artista, antigua interiorista para Zara y Mango, trata con un cítrico cariño inagotable.
Silvia Prada, con una formación artística en la Universidad de Bellas Artes de Salamanca, dos años de Comunicación Visual en Kassel (Alemania) e instalada en Barcelona para realizar un master… ¿Quién fue el culpable de que orientases tu trabajo hacia ese campo de la cultura más fashion? El hambre. Sí, sí, llegué a Barcelona en el 92 y me encontré con una crisis bestial. Me metí en un bufé de arquitectos pero no ganaba dinero; luego salieron revistas tipo Disco 2000 y comenzó a nacer esa idea de profesional del arte, algo asumido ya en Londres o Estados Unidos. Antes de venir a Barcelona también estuve en el circuito de galerías, con Juana de Aiz- puru, y tampoco me funcionó, por lo que empecé a currar donde pude.
¿Tus trabajos artísticos estaban vinculados al lenguaje de la ilustración, la pintura o el dibujo? No, nunca pinté, jamás me gustó. Lo que pasa es que ahora lo he recuperado, he hecho como una reinterpretación que me da, digamos, morbo. Debido a que siempre busco áreas deficitarias y como actualmente todo está saturado de tecnología, recuperé esa vuelta al rea- lismo, a la idea de bodegón barroco, aunque no sea exactamente ese el concepto de mi labor.
¿Tu obra ha conseguido situarse en el panorama del moderneo debido a factores como las tendencias? Parte de lo que realizo sí. En su contenido visual se pueden diferenciar tres sectores: uno formado por mucho negrata, otro con más famosillos y el tercero más como porno-erótico. Así, por ejemplo, en el primero aparece mi atracción por el rap, ese look negrata que viene ahora, que será trendy (de hecho Madonna va a sacar un disco de hip hop) y me apetece ser un poco visionaria. Eso sí lo veo muy fashion.
La aparición constante de ilustraciones, sobre todo en cabeceras de moda, la ha convertido en un fenómeno mediático. ¿Corre el peligro de convertirse en una tendencia pasajera? La ilustración ya es una tendencia. Aunque creo que, ahora mismo, todo resulta indefinido: la ilustración, la fotografía de moda, el arte… A veces ves una foto en una galería y no la distingues de una de la última campaña de H&M. Los límites son poco precisos, lo que está muy bien ya que todo es más accesible al espectador y se crea una cultura visual de la hostia.
El tipo de dibujo que triunfa en el mercado es aquel más cercano a lo que podríamos llamar trabajo de autor, algo reconocible, exclusivo, diferenciador. ¿Crees que la ilustración como lenguaje está condicionada a la autenticidad? No lo sé, me gustaría pensar que no. Creo que es un campo en el que se crea demasiada tendencia. Hoy impera la de moda porque es el mercado que manda y el que trae dinero, el que vende. En cambio, está muy poco explotada en el porno.
Lo decía porque mis intereses en el arte huyen de esa concepción de lo auténtico en pro de una visión extendida, repleta de samples y revisiones. Por eso considero que el perfil de tu obra se aleja de un estilo personal en el trazo, ya que adquiere el atractivo y la frescura en la habilidad de combinar una técnica tradicional con una composición explosionada que hace del conjunto algo ecléctico. ¿Podríamos ubicar tu manera de ilustrar cercana al estilismo o la figura de un DJ? Exacto, mi trabajo es multigeneracional, porque todo el mundo conoce los cartoons que voy integrando, y multiiconográfico, escapándome de los significados independientes por su uso en exceso. Es como una ensalada sin ningún tipo de juicio estético. Lo que hace que para mí lo más importante sean las revistas generalistas, la MTV y todo lo que trate de cultura inmediata y juvenil.
¿Mantiene la fotografía un peso importante en la ejecución de tus dibujos? Claro. Me encanta usar las de Mario Testino. Trasladar a Testino a mi campo es supercachondo.
¿Algún problema legal al versionear las imágenes de grandes fotógrafos para retratar a los famosillos que aparecen en tus obras?
No, aunque la primera vez que intenté publicar algo de mi libro aquí me dijeron que no por una cuestión de derechos. ¡Ojalá me denunciase Disney, lo pondría encantada en mi currículo! En cambio, no hubo ningún problema en el momento que lo enseñé fuera de España. De hecho, los primeros que me llamaron fueron los del Interview americano.
Tu trabajo a lápiz, monocromo, potencia un alejamiento de todas las estéticas dominantes, transmitiendo desde el conjunto cierta regresión infantil propia de una niña de internado. ¿Están esas pinceladas de ironía enlazadas a tus obsesiones adolescentes? Totalmente, y sobre todo a mi manera de ver el sexo. Parte importante de mi trabajo está en la erótica. Un estado sexual puede sugestionarte, llevarte hacia una intuición estética, hacia todo un proceso creativo.
Jordi Labanda se está difundiendo como marca. ¿Usarías esa estrategia de proyección internacional para lanzar merchandising derivado de tu estilo? Jordi abrió una brecha y ha dado la oportunidad a muchos ilustradores de ser profesionales, creando escuela y mercado. El producto Jordi Labanda es fácil de integrar, pero creo que el mío necesitaría una mercadotecnia distinta. Yo pretendo que mi trabajo se instaure en otro tipo de circuitos, más relacionados con el arte. Si tengo que hacer merchandising, que sea en galerías. Aunque siempre me ha encantado lanzar productos; la verdad es que el libro que edité es un genuino producto.
También se recurre a artistas e ilustradores para actualizar o reciclar grandes firmas, como hace Marc Jacobs en Louis Vuitton. ¿Silvia Prada para ….? Marc Jacobs sí, o un Miyake. Aunque tiene su riesgo, porque son plataformas de una sola vez: si colaboras con una firma ya no te lo pedirá otra. Es una oportunidad única y hay que ser listo y estudiarla bien.
¿Qué herramientas de visibilidad utilizaste para que se conociese o reconociese tu trabajo? Principalmente mi libro, Silvia Prada, una edición limitada de 100 ejemplares que envié a todas las publicaciones que me interesaban. Como soporte tiene un tamaño intenciona- damente grande (pensando en Visionaire, que para mi transmite lujo) porque quería jugar con el efecto sorpresa. Es como un libro de artista, un portfolio editado.
¿Cómo se estableció tu relación con una revista como The Face?
Les mandé el libro y me llamaron. Es uno de los grandes escaparades que proporcionan reconocimiento.
¿Colaboras por amor al arte, por la visibilidad que puedas obtener o mantienes con ellos un vínculo profesional? No, no, trabajo remuneradamente y pagan muy bien.
¿Alguna perspectiva nueva en tu horizonte? Tengo por ahí un caramelito, la revista CAT, para la que quiero hacer algo específico, más porno lésbico, una cultura muy poco explotada. Y me gustaría volver a entrar en el circuito de galerías.