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ARTE/DINERO por María Íñigo Clavo (2003)
Tmori y Carlos Trigueros son la misma persona que usa uno u otro nombre dependiendo de su actividad- Tmori es artista y Carlos
Trigueros es gestor cultural independiente. Debido a que las funciones y responsabilidades de ambos son paralelas y distintas
organizamos al entrevista como una a dos voces. Durante la composición del texto también habrá que respetar esta distinción.
Carlos Trigueros: Debido a la crisis económica que en los años 90 afecta al arte contemporáneo en 1994 se reúnen una serie de
colectivos fundando la Red Nacional de Colectivos Independientes para la Promoción y Difusión del Arte Contemporáneo (RED ARTE).
Algunos de estos colectivos son La Más Bella (Madrid), Purgatori (Valencia), En Canal y Abisal (Bilbao), Ego (Asturias), Transforma
(Vitoria), Mestizo (Murcia), La voz de Mi Madre (Valladolid-Salamanca) a la que yo pertenezco, L’Angelot y Côclea (Barcelona), etc.
En la disparidad de colectivos se constata el caso de que muchos están gestionados exclusivamente por artistas. De este modo se consolida en España la figura del Artista-Gestor. El artista decide ser su propio representante y une sus esfuerzos con los de otros artistas para difundir tanto su obra como la de los demás basándose en modelos de producción y gestión alternativos. Este planteamiento conlleva algunas contradicciones cuando uno desea mover su obra y la de los demás ya que como gestor asumes condicionantes que como artista no aceptarías.
VANIDAD: ¿Por qué distingues entre Carlos Trigueros y Tmori?
Tmori: Esas contradicciones son las que me han obligado a desdoblarme: por un lado Carlos Trigueros es gestor cultural y por otro Tmori es artista. Esta doble personalidad pública sirve en primer lugar para situarme a mi mismo en el contexto cultural y para distinguir mis acciones ante los demás.
Carlos Trigueros: Mi labor como gestor es más objetiva e intento cubrir las necesidades genéricas de un público. Cuando soy artista estoy involucrado y tendería a imponer mi visión. Aunque al realizar un comisariado, como Carlos Trigueros, aparece siempre una obra de Tmori ya que mi forma de hacer el texto en el que se exponen las distintas claves del comisariado es a través de mi propia obra.
Tmori: Lo interesante es como el artista/gestor habla del arte desde dentro, lo conoce desde a acción y no como mero espectador. Por otra parte las ventajas de esto es que re rompe los estándares típicos de la exhibición por los nuevos circuitos de exhibición, las fómulas, y fomenta una mayor participación.
VANIDAD: ¿Cuales son estas necesidades culturales genéricas?
Carlos Trigueros: En el momento de programar tanto una exposición, una serie de ellas, un comisariado de vídeo o el programa de un festival suelo realizar un diagnóstico de las necesidades específicas en función del evento o espacio donde se ubica, ciudad, contexto cultural, posibilidades económicas, etc. No pisar otras programaciones, ofrecer variedad y actividades con interesantes para la formación y disfrute cultural del público potencial, etc.
VANIDAD: ¿Cómo consigues dinero para producir las exposiciones?
Carlos Trigueros: La Voz de mi Madre desde 1994 hasta 2000 ha tenido una programación constante de exposiciones en la sala Fevesa (Salamanca). Se recibían 100.000 pesetas y con eso se hacían 10 exposiciones individuales y dos colectivas al año. El dinero nos lo daba una asociación de vecinos de la subvención que recibían de Caja Duero.
Las ayudas que se recibieron eran siempre para proyectos concretos, por ejemplo prestamos de vídeos y proyectores para sesiones de vídeo, portes de obra a través de amigos que hacían un viaje, peticiones puntuales de dinero a instituciones, ayudas de bares para producción de eventos, material que nos prestaba la universidad, etc. Nunca hemos tenido una subvención estatal y las locales y regionales han sido muy escasas. Este tipo de gestión kamikaze es más sencilla en provincias ya que puedes tener un contacto personal con los interlocutores socio culturales y sabes que están informados de tus proyectos, ya que es más sencillo recibir la ayuda de los medios de comunicación de la provincia.
VANIDAD: Tmori, ¿Has pensado alguna vez tirar la toalla por no encontrar ayudas a tu obra?
Tmori: No siempre he ido encontrando un modo para la financiación, aunque la mayoría de mi trabajo aún sigue en papel por problemas económicos. Lo cierto es que cuanto más profesional eres como artista puedes optimizar, sacar mayor rendimiento, a los recursos económicos que posees. El haber habitado durante tanto tiempo la escena underground te permite sobrevivir con mínimos económicos. La capacidad y calidad del artista no está en función del dinero sino por su profesionalidad y el respeto que tenga hacia su trabajo. No me refiero a una idea bohemia del arte, desde luego a más dinero mejores proyectos.
VANIDAD: ¿Con qué dinero financias tu trabajo?
Tmori: Mi obra es financiada por Carlos Trigueros, a través del dinero que consigue con su trabajo diario como Técnico de Producción Cultural en el Centro de Fotografía en la Universidad de Salamanca. Pero antes he trabajado como diseñador gráfico y he realizado vídeos de bodas.
VANIDAD: ¿Quién te compra obra?
Tmori: Debido a que mi obra básicamente es vídeo, instalación y performance los beneficios económicos se obtienen a través del alquiler o pago por evento, por ejemplo sesiones de Video-Jockey. Hasta hace poco era raro comprar vídeo a través de galerías. Pero el arte se puede financiar de muchas otras formas al margen de las galerías, muchas aún siguen ancladas en los modelos de comercio del siglo XIX.
VANIDAD: ¿Crees que las galerías establecen relaciones abusivas con los artistas?
Tmori: Las relaciones artista-galería suelen ser difusas, patriarcales y no-regladas. A mar revuelto ganancia de pescadores. La UNIÓN de artistas visuales tiene unos buenos modelos contractuales y decálogos de relación artista/galería donde se regulan las cesiones, ventas, porcentajes, etc. Debería ser respetado por ambas partes. El desconocimiento del artita de sus derechos y obligaciones en sus relaciones contractuales es lo que traen problemas como el que su obra se convierta en dinero negro, que cedan sus obras a galerías sin recibir un recibo firmado, etc.
VANIDAD: ¿Crees que hay abusos por parte de las instituciones?
Tmori: No, ni existen abusos por parte de las galerías. A cada uno le hacen lo que se deja hacer, es una relación de contraprestaciones en las que ambas parte se tienen que poner de acuerdo. Si el artista siente que han abusado de él quizá sea porque no ha sabido defender lo suyo. Estamos en mundo neoliberal en el que las torres de marfil han desaparecido. La Unión de Artistas Visuales tiene regladas estas relaciones que por desconocimiento pretendido o inconsciente por parte del artista, galerista o institución no son aplicadas.
VANIDAD: ¿Crees que cambia la relación entre un artista consagrado con la galería y uno emergente (Entendemos que es consagrado Tapies, por ejemplo)?
Tmori: Evidentemente, sino no existirían esos dos calificativos, pero en el tránsito de emergente a consagrado existe una evolución natural en el trato.
VANIDAD: ¿Cuándo una obra comienza a adquirir precios desorbitados?
Tmori: El precio de la obra fluctúa con el movimiento del mercado. Eso no está en manos del artista sino en la de sus representantes e intermediarios.
VANIDAD: ¿Es mejor artista el que más vende?
Tmori: No, pero vive mejor
VANIDAD: ¿De qué manera el mercado está condicionando la producción de arte y la propia historia?
Carlos Trigueros: El dinero siempre ha condicionado al arte, pero no tanto los precios de la obra como los intereses económicos. Existen artistas que en su época vendían mucho y muy caro que han pasado al olvido y artistas que no vendieron un clavel y la historia les ha relanzado. Pero cierto es que en función de lo que se paga y vende se crea una demanda y el artista es mediatizado por el top ten del arte. Estamos inmersios en una economía neoliberal pendiente de la rentabilidad inmediata, se busca un rendimiento económico de la cultura de ahí su exclusiva transformación en espectáculo.
VANIDAD: ¿Crees que el mercado condiciona el trabajo de las instituciones?
Carlos Trigueros: El mercado condiciona todo directa o indirectamente. Cuando se programa en una institución no se hacen en interés de un mercado sino del público potencial. Cuando se realiza la exhibición de la obra de Thomas Struth, por ejemplo, no se expone porque tenga una de las fotos más caras de la historia sino por su importancia en el panorama del arte y fotografía: lo que significa su obra en el presente sociocultural y lo que representa dentro de su contexto. El 99% del público que visitó su exposición no sabía en cuanto se venden sus obras pero las disfrutaron por su calidad y capacidad de generar una experiencia estética.
VANIDAD: ¿Se dedica una parte del presupuesto de las instituciones culturales a la producción?
Carlos Trigueros: Depende de cada institución, de su política cultural y modelo de gestión. Siempre existe producción (entendiéndola como gasto) en una exposición aunque sólo sea de transporte o montaje.
VANIDAD: ¿Con qué criterios se elige una obra u no otras?
Carlos Trigueros: Eso es una tesis. Como ya he comentado se investigan las necesidades culturales del contexto (público potencial, espacios, presupuestos, etc.), se investigan las propuestas que existen en otros contextos culturales, y finalmente la accesibilidad a la obra/artista.
VANIDAD: ¿Cómo ayuda la institución a un artista?
Carlos Trigueros: De muchas maneras. Depende de cada institución, su presupuesto y modelo de gestión. Algunas realizan talleres, otras dan ayudas o subvenciones, otras elaboran catálogos, etc.
VANIDAD: ¿Cómo una obra se convierte en patrimonio?¿Tiene algo que ver el mercado?
Carlos Trigueros: En arte contemporáneo cuando una obra forma parte de una colección se transforma en patrimonio, al menos de la institución (pública o privada) que alberga la colección. También depende de los intereses culturales, económicos e incluso políticos.
Tmori: Pero al final, en arte contemporáneo, no son las obras las que se convierten en patrimonio sino los propios artistas. No se suele hablar de una obra en particular sino de tener un Orlan, un Candida Höffer o un Lorca Di-Corcia. Como cultura de sociedad neoliberal la marca es lo que cuenta.