Florencio Maillo

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texto1

Sobre la serenidad poética en la obra de Florencio Maíllo.
Fernando Castro Flórez.
“Presencia material de lo real. Apariencia visual y táctil de lo real, textura específica. Pintura sinónimo de la realidad: la
pintura no imita a la naturaleza, la pintura es la propia naturaleza”[1].
Ha sido Kosuth el que ha señalado como la pintura minimalista se autocolapsó, hasta realizar lo que llama el final de la
historia del arte[2]. Sin embargo no hay confusión posible entre la muerte del arte, mítica o filosófica, y la desaparición
real, física, de la pintura, porque en último término al arte le viene bien la amenaza de su muerte, que debe cumplirse
como castigo ejemplar en la pintura. Hay según esta teoría, una suerte de dominio póstumo de la pintura, aunque suponga
el encadenamiento a la ejecución del “último cuadro”. El contexto en el que surgieron los cuadros de Ryman, Marden o
Agnes Martin era el de una explosión del imaginario pictórico, pero simultaneamente la constatación de que se había
llegado hasta un límite en el que resultaría peligroso sostenerse, como en el caso de Reinhardt, pintando sus cuadros
negros, “justo -afirmaba rotundamente este creador- lo que nadie puede hacer”.
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texto2

Florencio Maíllo: la poesía de los paralelogramos
Juan Antonio González Iglesias
Se ha insistido mucho en la realidad y en la metáfora de la fragua para describir la manera de trabajar de Maíllo, porque es
quizá el elemento simbólico y real más significativo de su experiencia artística. La evocación de Hefesto/Vulcano es
inevitable, aunque tenga poco que ver con los resultados creativos de Maíllo, centrados en una abstracción geométrica
que se vuelve concreción. Sin embargo, sí tiene que ver con el concepto de arte que anima todo su trabajo: en Ovidio
-concretamente en las Metamorfosis, nombre ése que debemos retener-, el exponente visible del artista (artifex) es el dios
de la fragua. Su trabajo es el ars por excelencia, porque significa la imposición de la forma sobre la materia.
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texto3

Florencio Maíllo: Memoria del óxido
Por Tania Pardo
“El arte no sólo revela lo real, sino que hace
abrir los ojos”.
A.Wellmer
Existe un pintor ajeno todo ruido innecesario de contemporaneidad, sumido en las profundas ansias de realizar, en
silencio, sus composiciones, sus obras incontaminadas, personales, íntimas. Allá en el taller grandioso y manchado de
pintura se esconde Florencio Maíllo, en esa fragua que ya no es de Vulcano, en esa fragua que ahora es suya, donde se
expande y lucha entre la razón y el azar, lo reflexivo y lo anecdótico, para ofrecernos un sin fin de grandes estructuras
férreas de trazados geométricos.
Ha pasodo mucho tiempo desde su serie de pinturas en las que mostraba ruinas abandonadas de una fortificación situada
en la frontera hispano-portuguesa, para dar paso a la incorporación poco a poco, lentamente, de restos de paisaje
industrial en su pintura.
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texto4

Sobre Límites
Fabio Rodríguez de la Flor
Florencio Maíllo dejó hace tiempo de circunscribir su arte al exclusivo delgado hilo argumental de la estética. Sus obras
se han convertido en reductos de exploración, en acotaciones de perfiles diversos sobre el amplio mundo. Como si se
tratase de un restaurador, Maíllo elabora catas sobre la superficie geográfica. Elimina pátinas, estudia la composición
de los materiales, añade, sustrae, juega con los contornos, reinventa los fragmentos, filtra las superficies, las voltea, las
clona, las hace suyas. Es su arte un arte minifundista, en el que en cada cuadro nace un tipo diferente de cultivo. Pero su
erudición en los contornos, su maestría a la hora de perimetrar el campo de estudio, va más allá de los límites espectrales
de los paralelos y meridianos, de las fronteras artificiales de carreteras y autopistas, de los circuitos de las líneas de
ferrocarril, o el cubismo de las parcelas de los terratenientes vistas desde un avión.
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texto5

IN-MEMORIAL
Una escultura de Florencio Maíllo en la Sierra de Francia
2006
“Arduos filos verticales”
Gerardo Diego
[I]
¿Qué es, en su línea más general, lo inmemorial, podríamos preguntarnos, y contestar enseguida que es el signo y el
monumento bajo lo que se presenta, tomando forma, “aquello que no puede (ni aun debe) olvidarse”. Es lo que retorna y
recae del ayer sobre nuestro tiempo. Pues aquello que no debe olvidarse es, siempre, el origen y la matriz de lo que ahora
es y existe.
Lo inmemorial es de este modo una representación; la señal –materializada; expresivamente física– de una reviviscencia,
de un mundo afectivo que se presenta súbita e intempestivamente hasta el presente –un ahora amplificado–,
configurando en él una memoria de la actualidad, la cual deja en el relieve de su trazo fuerte la constancia de que las cosas
han sido lo que han sido, y puesto que, en efecto, han tenido cumplimiento y existencia, de algún modo no pueden (y no
deben) dejar de tenerla: están activas y presentes en el hoy de su evocación.
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texto6

VARIACIONES, Fundación Municipal, Salamanca Ciudad de Cultura. 2008. 79 págs.
ISBN: 978-84-96603-44-8.
Sala de Exposiciones Santo Domingo de la Cruz, Salamanca. “Variaciones”. Del 24 de abril al 25 de mayo de 2008.
VARIACIONES
Por Fernando R. de la Flor
Afirmación de presencia
El retorno del pintor e investigador Florencio Maíllo a los escenarios de su ciudad de origen, Salamanca, tiene la cualidad
misma del concepto que, en esta ocasión reúne su obra en las viejas pero remozadas estancias eclesiales de Santo
Domingo: resulta ser una variación. Es decir, un tenor y una pauta profunda se modula en superficie en una rica
acumulación de formas expresivas fuertemente cohesionadas en torno a un nervio de secreto acero, y ello tiene la forma
de una vuelta, de una insistencia, de un acto afirmativo de una presencia reiterada. La producción simbólica artística s
vive como obsesión, tal vez como compromiso, en todo caso como destino reiterado que anuncia un girar perpetuo sobre
un conjunto de cuestiones que deben ser agotadas en sus determinaciones y sentidos.
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