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Javier Largen
Transgresiones sin marca
Todo mi trabajo se sitúa en un territorio intersticial entre el arte y la vida, un espacio híbrido entre diferentes disciplinas: las
artes visuales y la publicidad, la moda y la performance, la experimentación audiovisual y el video musical…
De cada uno de estos espacios de creación me interesa la facultad para contar historias, pero también para hacer visible lo
invisible, para expresar con imágenes y sonidos aquello que no puede ser explicado con palabras, para poner en escena
utopías y distopías; y colocar en la cuerda floja conflictos de género, rituales de identidad, gustos, modas e ideologías.
Supongo que en todo ello ha influido de modo notable tanto mis experiencias personales como mi formación académica
entre la Escuela de Bellas Artes de León y el IDEP (Escuela superior de imagen y diseño de Barcelona) donde, sin duda me
marcaron las enseñanzas de Julián Alvarez, un artista y docente inclasificable y pionero de la videocreación en España
que todavía hoy sigue siendo un referente para mí.

De alguna manera, me considero un francotirador de la cultura audiovisual, pues aunque realizo muchos trabajos por encargo, necesito que cada proyecto que abordo me apasione y conecte con mis gustos personales a nivel estético y emocional.
Por eso he colaborado con creadores inclasificables cuyo trabajo se sitúan en una tesitura estética parecida a la mía como La Fura dels Baus o Gory de Palma.
Pero también he desarrollado proyectos publicitarios con empresas como “thelab003” o “Larc” así como músicos, arquitectos y artistas visuales.
Me encuentro muy cómodo en el mundo del videoarte por la libertad con la que puedes trabajar en este ámbito y he participado en exposiciones significativas como “Barrocos y Neobarrocos. El Infierno de lo Bello” y
“Rock My Religión” ( DA2 de Salamanca, 2005 y 2008) o en festivales y ferias de video arte como Optica ( Gijón, 2009) y Loop Art Fair ( Barcelona, 2008).
Entiendo el arte, la moda, la música y la publicidad como un espacios privilegiados para poner en escena utopías públicas y privadas… para mostrar cosas que a veces están prohibidas en la vida real o como mínimo se consideran inusuales… creo que ese espacio de utopía es el último reducto de poder y libertad que nos queda a los artistas y que la comercialidad de una campaña publicitaria o de un video musical no debe estar reñida con la capacidad para
impactar, inquietar y perturbar al espectador.… pero también para funcionar como un poderoso dispositivo de reflexión respecto al momento que nos ha tocado vivir.
A nivel estético mis obras se nutren de dualidades y paradojas que supongo que tienen que ver con mi propio carácter: la tormenta y la calma, la seducción y la perturbación visual, lo bello y lo siniestro, lo sublime y lo vulgar, lo público y lo privado, el placer y el dolor, lo masculino y lo femenino…
Sé que mi trabajo puede no gustarle a todo el mundo, pero también estoy seguro de que nunca va a dejar a nadie indiferente… lo cual supongo que es un valor cuando se trabaja en ámbitos como la moda y la publicidad…
Y –como decía Greil Marcus en su libro “Lipstick Traces” para referirse al Punk-
quisiera pensar que cada una de las imágenes que creo es “como una mancha de carmín que se borra pero permanece para siempre en tu memoria…”