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(Salamanca, 1967)
En 1994, Félix Curto registra fotográficamente el trote de un potrillo. El proceso de exposición hace que la imagen
del animal aparezca desdoblada, ofreciendo simultáneamente dos momentos de su actividad, uno de ellos corpóreo;
el otro, desvaído, en trance de disolución, reflejo de una sucesión temporal de acontecimientos que deja constancia
de un momento pasado. Abel H. Pozuelo ha destacado la significación de esta fotografía en la trayectoria de Curto,
que podría relacionarse con otra realizada en 2005 en la Patagonia: Huellas y frenazo.
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